viernes, 5 de octubre de 2012

Los 8 países con menos costa en proporción al total de su frontera

¿Adoras el mar? De ser así, no te convendría habitar en ninguno de los países que conforman la lista.

Estos ocho países tienen una salida al mar diminuta, en relación al total de sus fronteras. Aun así, en ninguno de los casos, literalmente y sin tener en cuenta la proporción, son más de unas decenas de kilómetros. Sin más, aquí vamos con el ránking:

8º Bélgica (4,6% del total de su frontera es línea de costa)
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7º Eslovenia (3,4%)
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6º Togo (3,3%)
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5º República del Congo (3%)
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4º Jordania (1,6%)
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3º Irak (1,6%)
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2º Bosnia-Herzegovina (1,4%)
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1º República Democrática del Congo (solo el 0,3% de su frontera es línea de costa)
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No obstante, al menos tienen una terracita que asoma al mar. Hay otros 48 países que no tienen tal suerte, y lo que es más, dos de ellos, Liechtenstein y Uzbekistán, ni siquiera tienen frontera con países que den al mar. Son, por tanto, doblemente aislados.

Jaínes



Monjas jaínes de la India subiendo una cuesta. Su indumentaria puede resultar extraña, pero todo tiene explicación.

El jainismo es una religión oriunda del subcontinente indio, con unos siete millones de fieles. Se concentran en el noroeste del país, principalmente en los estados de Rajastán y Gujarat. En su filosofía destaca un respeto absoluto por todas las formas de vida, algo extrapolable al hinduismo, solo que llevado al extremo.

Así, las mascarillas impiden que traguen insectos u otros organismos de tamaño diminuto de forma accidental. Las escobas que llevan al hombro las utilizan en los recintos que visitan para barrer el suelo a su paso con delicadeza, y apartar a cualquier pequeño animal que pudiera ser pisado. Sobra decir que su dieta es estrictamente vegetariana.
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Para saber más del jainismo: http://es.wikipedia.org/wiki/Jainismo

De las espadas a los hechizos


Nos encontramos en la ciudad de Edimburgo, capital de Escocia. La belleza medieval que rezuma deja extasiados a los sentidos, y sólo es equiparable a la belleza natural del verdor de su suelo; un verde que duele a la vista.

Es una ciudad monumental y muy delicada, demasiado quizás para la latitud en la que se encuentra, donde ya muchos esperan toscas cabañas de madera en pueblos de recia arquitectura, más preocupados por resguardarse de las inclemencias que por la belleza de las fachadas. Nada más lejos de la realidad: Edimburgo sabe ser delicada también.  Prueba de ello es su monumentalidad repleta de detalles; desde la torre en honor al escritor Walter Scott, de estilo gótico, que se alza como una llama tenebrosa hacia el cielo, al monumento al filósofo Dugald Stewart, sacado de la Grecia clásica y dominando Calton Hill. Pasando, claro está, por el Edinburgh Castle, una magnífica fortaleza situada sobre una roca volcánica. No podemos dejar de lado la universidad, así como todo el casco antiguo, que es una joya arquitectónica.




No muy lejos de la capital se encuentra Glasgow, una ciudad netamente industrial y archifamosa por sus dos equipos de fútbol principales: los Celtic, y los Rangers.


Pero no es el bullicio de la gente lo que buscamos en nuestra visita a Escocia, sino más bien los paisajes de las West Highlands, que nos brindan decenas de kilómetros cuadrados a nuestro alrededor de la más pura naturaleza indómita. Es esa vegetación que aúna colores verdosos con otros más pardos y rojizos, son esas rocas, esos escarpados acantilados, esas grietas del terreno. Cicatrices que parecen hundirse en la tierra para rememorar las que cubrieron los cuerpos de los siempre valerosos e idealistas escoceses que lucharon por su independencia de la Inglaterra de Eduardo I, liderados por William Wallace allá por el siglo XIII.


Una buena forma de conocer estas salvajes tierras, es siguiendo el West Highland Way, un sendero de unos ciento cincuenta kilómetros que conecta el norte de Glasgow con las mayores elevaciones de Escocia, incluido el pico más alto, el Ben Nevis.

Algo más al norte del Ben Nevis se encuentra la que de seguro es una de las masas de agua con más leyendas en su haber. El Loch Ness. Y no sólo vive de las rentas de su famosa bestia, Nessie, cuya repercusión en la cultura popular ha sido innegable y ha generado cientos de teorías y especulaciones, así como bastante merchandising. Las orillas del lago tuvieron un habitante muy peculiar a principios del siglo XX. En la mansión de Boleskine House, entre los años 1899 y 1913 habitó el ocultista Aleister Crowley.


Crowley se inició en la Orden Hermética del Alba Dorada, una hermandad  de magia y esoterismo que bebe de las fuentes de la alquimia y el rosacrucismo, donde pronto escaló posiciones. Más tarde fue expulsado y fue co-fundador de la Astrum Argentum, para finalmente liderar la Ordo Templi Orientis.

En 1904, durante su estancia en El Cairo junto a su mujer, dijo haber contactado con un espíritu mientras invocaba al dios egipcio Horus. Dicha entidad le transmitió durante tres días ciertos conocimientos, que Aleister plasmó en El Libro de la Ley, el libro sagrado de su posterior filosofía espiritual Thelema. Habla del advenimiento de una nueva era, el Eón de Horus, en el que la humanidad trascenderá a unos designios superiores, a la 'True Will'. La existencia de las personas tendrá una finalidad colectiva superior, más allá de los deseos individuales.

El ocultista habitó la Boleskine House por ser ideal, según él, para obtener el aislamiento necesario para sus invocaciones -lograr los conocimientos de otra deidad-, y por tener una orientación perfecta hacia el punto de mayor energía mágica del Eón de Horus, algo así como la analogía a rezar un musulmán mirando hacia La Meca. Se habla entonces de la 'Kiblah de Thelema'.


El guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, es un gran admirador de Aleister Crowley, y compró la mansión en los años 70, grabando allí música para uno de los discos del grupo. Hoy día, Boleskine House es considerada una 'casa encantada' por muchos, y no es para menos dado su historial.

Somos testigos de cómo Escocia puede aunar lo agreste del paisaje y la aspereza de su clima, con algunos de los aspectos más espirituales e indirectos de la existencia. De la espada y fuerza del libertador William Wallace, a los rituales espiritistas de Aleister Crowley.

martes, 8 de mayo de 2012

Radiactividad reminiscente


Al norte de Ucrania, no muy lejos de su capital, Kiev, se emplaza una ciudad fantasma. Está rodeada por una burbuja temporal, impregnada del comunismo soviético aún a día de hoy. Y es que esta ciudad ha quedado aislada. Hablamos de Pripyat, una localidad que resultó devastada tras la explosión del reactor número 4 de Chernóbil. Sobre ella aún se cierne el plutonio radiactivo, que tardará veinticuatro milenios en desaparecer por completo de la atmósfera



A principios de los 80 era un lugar rebosante de actividad, habitado por los trabajadores de la planta nuclear. No obstante, en abril de 1986, aquel dinamismo se vio truncado para siempre. Sólo gente anciana, que no entiende su vida lejos de las tierras en que se criaron, pueblan las inmediaciones e incluso cultivan los campos, sin aparentes efectos adversos en la salud. Aún así, continúan naciendo niños con malformaciones que de uno u otro modo se relacionan con el incidente.







La ciudad fantasma puede visitarse, pero no se recomienda permanercer en ella por las noches, puesto que incrementa la polución, y se debe llevar un contador Geiger para monitorear el nivel de radiactividad en todo momento. 





Con todo, es un espectáculo visual, tal vez para ojos morbosos, aunque no se puede negar la singularidad de su aspecto. En todas direcciones se yerguen edificios típicos de la etapa de dominio soviético, tan característicos por sus formas rectas y su falta de calidez. La visión de la noria produce un mayor impacto si cabe, acentúa esa sensación de impotencia. Esos sentimientos encontrados en los que el tiempo y los nocivos isótopos tratan de desgarrar el lugar que una vez se creó para uso y disfrute de los trabajadores de la central y de sus familias.





Pasarán los años, los siglos, y Pripyat seguirá ahí, con los cimientos de sus edificios tambaleándose, hasta ser incapaces de resistir el embite de los agentes atmosféricos. Una cápsula del tiempo que nos enseña hasta dónde puede llegar el hombre en el ámbito de los descubrimientos y la explotación de recursos, así como es un claro ejemplo de la dificultad para controlar los elementos que trata de someter.
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Información adicional:


Documental de Cuarto Milenio sobre el incidente de Chernóbil en Youtube (12 partes): 

Información sobre el sarcófago que sustituirá al actual, muy deteriorado, para contener los residuos radiactivos.

domingo, 22 de enero de 2012

Guardián de la taiga




El lago Baikal permanece congelado, al menos, la mitad del año.


En la mitad oriental de Rusia, se ubica el lago más profundo de la Tierra. Se trata del lago Baikal, de origen tectónico. Está enclavado en la región que sufre las temperaturas más extremas del hemisferio Norte, siendo habituales los cincuenta grados bajo cero en pleno invierno. Ni siquiera en el Ártico hace tanto frío y, por supuesto, no hay tanta amplitud térmica, puesto que aquí el clima continental provoca un calor notable durante el verano.
El Baikal tiene unos escalofriantes 1.642 metros de profundidad máxima y,  dado que su forma alargada no nos permite alejarnos de cualquier orilla más de ochenta kilómetros, se trata de un verdadero pozo. Para mayor asombro, la cantidad de sedimentos que se acumulan en esta particular cubeta es de tal magnitud, que si se retirasen, la profundidad del Baikal superaría los diez kilómetros. Goza además de una de las aguas menos contaminadas del planeta.


Un ejemplo de la arquitectura de la zona.

Se formó hace entre veinticinco y treinta millones de años, por lo que es uno de los lagos más antiguos que perduran sobre la faz de la Tierra, mediante procesos tectónicos que favorecieron la formación de una falla entre dos zonas elevadas de la corteza terrestre. Ahí se empezó a acumular el agua. Otros ejemplos de lagos tectónicos son el Tanganika en África, que apareció gracias a la separación progresiva del Rift Valley, o el lago Biwa en Japón. 
Posee una rica biodiversidad, y algunas especies endémicas como la nerpa, o foca de Baikal. Se trata de la única especie de foca que pasa toda su vida en agua dulce, así como es una de las especies más longevas.


Arriba del todo, la nerpa o foca del Baikal. Abajo, chica buriat con la vestimenta y los abalorios típicos, y a la derecha, la iglesia ortodoxa de Kazan.
La ciudad de Irkutsk es capital del óblast homónimo. Los óblast son las provincias que constituyen Rusia. Se encuentra en el suroeste del lago, a setenta kilómetros, y ve sus temperaturas suavizadas por la regulación que provoca la enorme masa de agua, paliando el gélido invierno siberiano. Posee buenos ejemplos de iglesias ortodoxas, algunas de ellas con una magnífica arquitectura, así como una renombrada universidad. Fue fundada por los cosacos en 1686, quienes la hicieron florecer a base del comercio de oro y pieles, antes de que se beneficiase de formar parte de la ruta del ferrocarril transiberiano.
Una característica del lago Baikal, que su superficie se encuentra congelada la mayor parte del año en algunos puntos, le ha valido para ser el lugar idóneo en el que emplazar un telescopio de neutrinos. Así, la plataforma de hielo sustenta todo el equipo de tierra, que en otro caso tendría que estar a flote mediante batiscafos y demás material muy costoso.
El telescopio está formado por una base que recibe toda la información de células fotosensibles, captadoras de la radiación de neutrinos, encerradas en esferas transparentes sumergidas en el lago. De las esferas salen cables de fibra óptica que transmiten la información a la superficie. 
Con el estudio de los neutrinos, provenientes del agujero negro situado en el centro de nuestra galaxia, podremos saber más sobre la naturaleza del universo, qué porcentaje de cada tipo de materia lo forma, y a partir de ahí determinar su posible evolución o la manera en que se formaron los astros que lo constituyen. Es posible que el lago Baikal guarde más sorpresas que las que encierran sus profundidades; tal vez nos de respuestas sobre el origen, destino, estructura y composición del universo.


La plataforma de hielo representa una ventaja a la hora de emplazar los componentes. A la derecha, detalle de uno de los módulos opticos que encierran las células solares.

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Información adicional:

Página web del Great Baikal Trail, una serie de senderos de más de 1.800 kilómetros que recorren los alrededores del lago y aún están en desarrollo.
Vídeo en el que se muestra la instalación del telescopio, y en el que observar en detalle todos sus componentes para entender bien el funcionamiento.

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