jueves, 6 de octubre de 2011

Hermanos



La mirada de este gorila se nos clava. De pronto, notamos una especie de calidez en el esófago. Nos relaja saber que hay más como nosotros, perdidos en la inmensidad del espacio, en un planeta algo singular.

El simio nos mira, le devolvemos la mirada, y nos damos cuenta de que no somos tan diferentes. En algún lugar de esos brillantes ojos, se refleja el alto porcentaje de ADN que compartimos ambas especies. Nuestros hermanos poseen una relación más intensa, directa e inteligente con la naturaleza que les rodea, sin apenas causarle impacto. Somos nosotros quienes les hemos puesto en jaque, con la caza furtiva descontrolada, y ahora se encuentran al borde de la extinción.

Los gorilas son una de las especies de grandes mamíferos más escasas del planeta. Esta subespecie, el gorila de montaña, habita en los montes Virunga, en el corazón de Ruanda, y en la selva de Bwindi, en Uganda. Es la más amenazada de todas, quedando apenas setecientos ejemplares, que se recluyen en las laderas y entre los montes de naturaleza volcánica, donde la vegetación es muy espesa y las brumas hacen acto de presencia durante toda la jornada. Este lapso de tiempo, lo suelen pasar buscando comida, puesto que sustentar cuerpos de más de doscientos kilos con vegetación requiere mucha cantidad de la misma.

La estructura social de los grupos está bien definida; hembras con sus crías y un macho dominante, "espalda plateada", que puede ser acompañado por un reducido número de machos, o ser el único. Los gorilas son muy sociables y se protegen entre sí, no obstante, si un espalda plateada llega a un nuevo grupo, suele matar a las crías para asegurarse de que son sus descendientes los que persistan en la próxima generación. Esta estrategia puede parecernos cruel, pero es sorprendentemente común en el reino animal.



Los montes Virunga, como todos los terrenos volcánicos, son muy fértiles. Esto crea un conflicto, puesto que los agricultores de la zona ganan terreno a los territorios vírgenes.

La población de esta especie se ha visto mermada por numerosos factores; la caza furtiva, puesto que son muy apreciados como trofeos y sus miembros son requeridos en colecciones; las trampas para otros animales, que aún así muchos gorilas tienen la pericia de desmontar; la pérdida de hábitat debido a la intrusión de los lugareños para ganar terrenos de cultivo, y las enfermedades que les transmitimos los humanos al ser tan parecidos genéticamente.

Es digno de señalar que Ruanda es un país, como muchos otros del corazón de África, que se ha visto inmerso en guerras continuamente, y en el que se produjo un brutal genocidio en el año 1994. 

Los tutsis son una minoría étnica que en el pasado destronó a los dirigentes de la etnia hutu, y tras la colonización belga en el siglo XIX, gozaron de numerosos privilegios que hicieron distanciarse a los dos grupos. Esos antecedentes tuvieron como colofón una matanza que acabó con la vida de entre quinientas mil y un millón de personas de etnia tutsi, quedando estos al borde de la desaparición al rebelarse los hutu.

Fue un genocidio pensado minuciosamente, que tan solo necesitaba una excusa para perpetrarse. Ésta llegó cuando el avión en el que viajaba el presidente Juvenal Habyarimana, de etnia hutu, el 6 de abril de 1994, fue derribado. A partir de entonces se sucedieron más de tres meses de matanzas continuadas sobre los tutsis, que en ningún momento recibieron una condena internacional justa y uniforme.



Este caso es solo un ejemplo de la inestabilidad política que asola la región, y si a eso le unimos la falta de preocupación medioambiental del continente negro, puesto que desean desarrollarse a toda costa antes como ya lo ha hecho Occidente, nos encontramos ante un ambiente hostil para la biodiversidad de los montes Virunga.

No obstante, debemos hacer lo posible por preservar este lugar, este resquicio selvático de incalculable valor. Las visitas a las poblaciones de gorilas de montaña, bien llevadas, cuidando de que ningún turista porte enfermedad alguna y con un impacto directo mínimo, sirven para que comprendamos la importancia de esta región.

Nos despedimos de los montes Virunga, alejándonos de la mirada de los gorilas, de esos ojos brillantes cargados de esperanza que confían en que aprendamos algo de quienes los poseen. De que aprendamos a desarrollarnos de manera sostenible, y dejemos a un lado esos conflictos raciales que tanto daño hacen. ¿Por qué establecer diferencias, si todos estamos perdidos en un planeta especial, en la inmensidad del espacio?

...Hutus, tutsis, caucásicos y gorilas.



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Información adicional

Hotel Rwanda, 2004. Dirigida por Terry George.
Película que trata sobre el genocidio acontecido en el país.

Página oficial del Parque Nacional Virunga

lunes, 3 de octubre de 2011

Último estertor


Muchos desean ser recordados tras la muerte, permanecer vivos en la memoria de los demás. No obstante, hay lugares que trascienden este deseo, y no solo están presentes en la mente, sino que también ocupan un sitio físico en el mundo, mucho después de que quienes los levantasen ya no estén.

Es el caso de un complejo de templos emplazado en el noroeste de Camboya, antigua Kampuchea. Su grandiosidad sigue pudiendo ser percibida por los sentidos. Tal es, aún hoy día, el esplendor y la grandeza de Angkor Wat, que cuesta imaginar su magnificencia en tiempos pretéritos, en que era capital del Imperio Khmer.

Reflejada por las aguas del lago que yace a sus pies, única vía de acceso desde la ciudad de Siem Riep, su fachada principal cobra un doble protagonismo. Gobierna la tierra y el agua.


Los primeros trazos del Imperio Khmer surgieron en estas tierras con manifestaciones artísticas y arquitectónicas que se remontan al siglo I. No fue hasta el VIII que logró su apogeo, liderado por Javayarman II, quien comenzó a levantar los primeros templos. Suryavarman II, en el siglo XII, ordenó la construcción del templo principal. Poco a poco se fue gestando el complejo, que hoy día es el mayor del mundo en el ámbito de la religión hinduista. Más tarde, los jemeres pasarían al budismo, y por último, volverían a sus comienzos en términos de creencia. La decadencia de la zona de Angkor, que sobrevino tras repetidos ataques por parte del Imperio de Siam, tuvo como resultado el abandono del complejo de templos y la ciudad en el siglo XV.


Angkor fue un hito para su época. En el cénit del Imperio, fue la mayor ciudad del mundo. Suryavarman II creó Angkor Thom; "Angkor" ciudad, "Thom" pagoda, que es el templo de dimensiones más colosales. En su zona abierta a modo de patio interior se encuentra el Bayon, custodiado por doscientos dieciséis rostros de Buda esculpidos en la roca.

La escultura fue mejorándose y llegó a un nivel sobrecogedor en Banteay Srei, templo con una exquisita decoración que está siendo engullido por la jungla lentamente, y en algunos dinteles de pórticos del anteriormente citado Angkor Tom.



Las cifras y dimensiones del complejo son abrumadoras, cubriendo una extensión de más de doscientos kilómetros cuadrados, pero hay estudios que revelan la presencia o el vestigio de construcciones angkorianas en una superficie de tres mil kilómetros cuadrados. (Ver información adicional). Solo el templo principal posee doscientas hectáreas de superficie.

El prodigio arquitectónico de la civilización Khmer queda patente en Angkor. El hombre, en gesto humilde, levantó un área de culto tan inmensa que le hizo sentir ridículo, insignificante ante la magnitud de la obra. Por todas partes se suceden templos, murallas y pagodas que harán las delicias del visitante, quien quedará fascinado por la grandiosidad.


Arriba a la izquierda: templo principal de Angkor Wat. Abajo a la izquierda:  un monje se asoma por uno de los pórticos de Bayon. Derecha: exquisito relieve en Banteay Srei

No obstante, el abandono del lugar desde el siglo XV le acarreó un notable deterioro, que desde hace unos años se ha tratado de solventar, impidiendo que la naturaleza acabase por establecer una simbiosis total que censurase la creación a los ojos del hombre.

La visita al complejo puede realizarse en un día, en tres, o en siete, lo que da idea nuevamente de hasta qué punto podemos perdernos en sus recintos. Mientras que un día es un periodo de tiempo muy insuficiente, siete pueden acabar por saturar de belleza al arqueólogo más consagrado.

Lo mejor es dejarse llevar por la manera en que impacta este microcosmos en las retinas, con esa luz tan singular que lo permea, y recordar los gloriosos tiempos en que los jemeres gobernaban Angkor Wat, un conjunto de joyas arquitectónicas y escultóricas escondido en una recóndita jungla, que sigue asombrándo a la humanidad como el primer día, pese a conservarse, tan solo, unas pinceladas de lo que llegó a ser.


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Información adicional

Estudio sobre la expansión de la ciudad de Angkor.

El estegosaurio de Angkor, un OOPART (Out of place artifact) o "artefacto fuera de lugar". ¿Cómo es posible que se tallase en Angkor Wat un animal tan semejante a ese dinosaurio del período Jurásico, en un relieve en el que ilustraban animales típicos de la zona?
http://cellar.org/2006/angkorwatstegosaurus2.jpg

jueves, 29 de septiembre de 2011

Verdor ubicuo


Viajemos un poco al sureste de Seattle. Alejándonos del bullicio de la capital del grunge, donde surgieron Boeing y Starbucks, y de su archifamosa Space Needle, la torre con restaurante giratorio tantas veces filmada, aparece un paraíso natural.

Hay una atracción en el estado de Washington que ensombrece a la anteriormente citada torre. Y es el imponente monte Rainier, que junto con sus alrededores, conforma el Parque Nacional Monte Rainier. El majestuoso cono volcánico, se eleva 4.392 metros en una zona que posee el récord mundial de innivación, esto es, depósito de nieve. Hubo un año en el que se registraron casi treinta metros de espesor en ciertas áreas. Es, además, la zona con más glaciares de los Estados Unidos, manteniendo ciertas regiones de Alaska al margen, contando más de veintiséis.


La vegetación capta la atención de quien visite el estado de Washington. Gracias a su clima con influencia oceánica, a las corrientes del Pacífico que suavizan las temperaturas, y a los frentes borrascosos que condensan y precipitan en las montañas, surgen bosques espectaculares. Las coníferas y los helechos predominan. Las primeras, son gigantes que custodian al resto de plantas; los segundos, frondosos, tanto que nos recuerdan al periodo Jurásico. Así como la flora puede alcanzar tamaños inmensos, la fauna no se queda atrás. Bisontes y alces son dos de los grandes ejemplares que podemos encontrar.

Cerca del Parque Nacional Monte Rainier, 45 km al sureste, podemos encontrar la cascada Snoqualmie.


Este paisaje se mantiene a lo largo de la costa en la zona fronteriza con Canadá. Es en la esquina noreste de los EE.UU., donde nos encontramos con Cape Dissapointment, “cabo decepción”. Ver como las olas se estrellan contra las rocas bajo su faro es todo un espectáculo, a medio camino entre bucólico y romántico en su vertiente salvaje.


Y siguiendo hacia el norte, una vez traspasada la barrera entre los dos gigantes americanos, llegamos a Vancouver. La preciosa ciudad, cuya calidad de vida figura como la mayor de entre todas las urbes del mundo, se ve salpicada y rodeada de naturaleza virgen. 

Es el caso de Capilano, en el extremo norte, donde las coníferas
le ganan terreno a los edificios.La belleza paisajística de este lugar es difícil de asimilar. Mientras recorremos el denso bosque, respirando una perfumada mezcla de aire puro y olor a tierra mojada, de pronto advertimos un abismo bajo nuestros pies. Estamos en el puente suspendido de Capilano, que nos permite viajar a la altura de las copas de los árboles .


Quienes pasean por los corredores en altura del bosque, poseen magníficas vistas del mismo al pasar por el puente de Capilano, sobre el río homónimo.

Espero que el recorrido, dividido por varias regiones de la costa del Pacífico de Norteamérica, haya sido de vuestro agrado. Huelga decir que el valor natural de la región es incalculable, suponiendo todo un pulmón a las ciudades de Seattle y Vancouver. La población autóctona lo sabe, y por ello han logrado sacarle provecho de la manera más sostenible, utilizando criterios turísticos poco agresivos, interactivos, y que quienes los disfruten guardarán a buen recaudo en sus retinas.

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Información adicional:

Vídeo en el que se recorre el puente. El sonido del rumor del agua y las vistas no tienen precio.

Galería de fotos del Parque Nacional Mount Rainier.
http://www.nps.gov/mora/photosmultimedia/Around-the-Park.htm
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PARTICIPA
¿Qué opinas de los bosques de la costa del Pacífico? ¿Te gustan las fotos? ¿Crees que se hace un buen turismo en la región? No dudes en comentar tus opiniones, sugerencias, y/o peticiones.

martes, 27 de septiembre de 2011

Caldera de la diversidad


Emplazado en el norte de Tanzania, Ngorongoro es un cráter de colosales dimensiones que cobija una nutrida selección de la fauna de grandes mamíferos. No lejos de él, se yergue la imponente mole del Kilimanjaro.


La extensa planicie de sabana que tapiza esta región, se eleva seiscientos metros. Su interior se hunde, dando lugar a una depresión de unos veinte kilómetros de diámetro.


La naturaleza de la formación es volcánica, siendo una enorme caldera extinta que se formó debido a los movimientos tectónicos del Rift Valley. No olvidemos que el cuerno de África se está separando del resto del continente, y la fractura pasa por esta zona.


En su interior habitan unos veinticinco mil animales, entre los que se encuentran rinocerontes negros, gacelas, cebras, elefantes, hipopótamos y búfalos. En cuanto a grandes carnívoros, posee la densidad más alta conocida para leones, unos sesenta, que ya son muchos dado el inmenso territorio que requiere cada grupo para cazar.


La única manera de acceder al cráter es desde la ciudad de Arusha, en la que se planifican los famosos safaris fotográficos al área de conservación de Ngorongoro. La oferta es suculenta, puesto que también es posible contactar con tribus de masáis pastores en la región.



Maneras en que se ha aprovechado el valor paisajístico del cráter de Ngorongoro. A la izquierda, una comida en el Lodge de lujo, con unas vistas sobrecogedoras. A la derecha, uno de los paradores "Ngorongoro Serena Safari Lodge", en simbiosis con el entorno.


Si bien puede parecer un enclave más de la típica sabana, tan manida en documentales, es precisamente su condición de accidente geográfico lo que hace a Ngorongoro espectacular. Un mundo perdido, aislado de su entorno por las altas paredes que circundan al cráter.


Y si todo ésto os parece poco, debéis saber que en las inmediaciones se encuentra la garganta de Olduvai, la famosa "cuna de la humanidad". Es aquí donde se encuentran los restos más antiguos de homínidos, que hace varios millones de años lograron expandirse hacia el resto de África y a los demás continentes.


Los mismos homínidos que una vez vivieron en armonía con la naturaleza, ahora se afanan en un progreso desmedido y sin miramientos. Es aquí mismo, en la reserva del Serengeti, donde el gobierno tanzano ha proyectado la construcción de una carretera que siega el parque prácticamente por la mitad. Las consecuencias de semejante atrocidad no pueden ser calculadas en su totalidad, dado el delicado equilibrio del ecosistema así como las incontables variantes que lo modelan.



Por ejemplo, si la carretera supone un bloqueo de la migración de ñús y cebras, éstos no pastarán en las tierras que hay al otro lado, la vegetación crecerá en exceso y será más vulnerable a los incendios naturales, que pueden dejar el terreno baldío durante mucho tiempo.


No obstante, Ngorongoro, con su particular enclaustramiento, parece inalcanzable a la mano transformadora del hombre. Los edificios turísticos respetan su esencia, saben que es magnética. Aquí abajo la naturaleza aún encuentra su delicado equilibrio y posee la capacidad de fascinar al ojo del hombre, aquél que un día partió de su hogar en pos de una expansión casi vírica.


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Información adicional:


Web del Ngorongoro Serena Safari Lodge, con galería de fotos, entre otras cosas:

http://www.serenahotels.com/serenangorongoro/default-en.html


Documental sobre la caldera de Ngorongoro, National Geographic:

http://www.megavideo.com/?v=H18C3HUO


jueves, 14 de abril de 2011

Aotearoa



Seguramente todos retengáis en la memoria esa escena, en los comienzos de los partidos de rugby, cuando el equipo neozelandés comienza el ritual de la haka, para amedrentar a su rival.


Esa danza tribal tan fastuosa y llena de energía, en la que la gesticulación y los sonidos son fundamentales, acaba por hipnotizar a quien la presencia, transportándole a otra dimensión.


Es el poder de magnetismo del pueblo maorí, que sigue presente hoy día en el archipiélago de Nueva Zelanda, a unos dos mil kilómetros de Australia. Esta tierra recibió al pueblo polinesio en último lugar, tras haber recorrido casi todas las islas del océano Pacífico. Fue aquí, en estas tierras templadas, algo apartadas del resto de ínsulas situadas en latitudes más tropicales, donde los maoríes diversificaron su cultura dadas las condiciones que encontraron.


Nueva Zelanda, si bien posee una extensión discreta, se extiende entre latitudes bastante distantes, es una nación alargada. Ésto le confiere un clima subtropical en su extremo norte, y templado en el sur, albergando incluso clima de montaña alpino en las cordilleras de la isla homónima.


Los maoríes se ubicaron principalmente en el extremo norte, y hoy día es en la isla Norte donde se encuentra la mayoría. Es en esta zona donde encontramos Auckland, la mayor y más moderna ciudad del país, famosa por su "skyline" y por ser la ciudad con mayor número de embarcaciones por habitante del mundo. De hecho, hay más veleros que habitantes en esta ciudad. Es además, uno de los lugares con mayor calidad de vida del mundo según diversos estudios y es la capital maorí, orgullosa de sus raíces, que poco o nada tienen que ver con el frenesí y modernismo actual.




Centrándonos en el pueblo maorí, es importante coocer que su importancia e influencia ha sufrido altibajos a lo largo del tiempo. Si bien se extendieron bien al principio, con la llegada de los colonos europeos, y el desembarco del capitán inglés James Cook en el año 1769, su cultura fue relegada a un segundo plano. De modo análogo a los aborígenes australianos, sufrieron el embite de los valores occidentales.




Cook buscaba incasable la tierra prometida de los mares del sur, la "Terra Australis" y siete siglos después del primer asentamiento polinesio -maorí- en Nueva Zelanda, llegó para nutrir al ya atiborrado Imperio Británico con una colonia más.


Desde entonces, la cultura maorí ha sido ensombrecida, hasta tiempos recientes. No es hasta la segunda mitad del siglo XX cuando Nueva Zelanda y su gobierno se preocupan de mantener vivas las raíces que diferencian esta singular región. Lejos de ser vistos como salvajes, se ha querido rescatar su conocimiento, su lengua, que en las nuevas generaciones está en alza junto con el inglés, y su tradición. Incluso muchos asentamientos del norte del país siguen de nuevo los patrones establecidos por los maoríes que colonizaron el lugar.


Y no podemos ignorar el impacto que tiene en la sociedad occidental su gusto por el decorado corporal. Para la cultura maorí, los tatuajes son una manera más de comunicarse con el entorno y con la esencia del hombre y representan su seña de identidad. Cada traza está cargada de significado.


La prueba más universal, nos remite al comienzo del artículo; la "haka" el ritual de confrontación, es ya popular en el mundo entero gracias al mejor equipo de rugby, los All Blacks neozelandeses.


Todo un ejemplo de como preservar el folklore de manera eficiente y sin olvidar que nos encontramos en un mundo cada vez más globalizado. Es algo que debemos asumir, pero no por ello debemos sacrificar la diversidad cultural que tan mágico y entrañable hace a este mundo.



Un pueblo vigoroso, guerrillero, valiente, explorador, carismático. El pueblo maorí, no merece caer en las garras del olvido, y su tierra, Aotearoa, despierta de la ensoñación para devolverles la importancia que poseían en el pasado.

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Información adicional:


La creación del mundo según la narración maorí tradicional, acompañada de una sublime fotografía.

http://www.ignacioizquierdo.com/blog/2010/05/dia-346-el-origen-de-la-creacion/


La 'haka' de los All Blacks. Una abrumadora demostración de energía y virilidad.

http://www.youtube.com/watch?v=LMF_Be0JZB0

jueves, 7 de abril de 2011

Camposanto Naval




El mar de Aral, situado en el centro del mapa, al este del mar Caspio.

En Asia central, donde la influencia oceánica es pobre, y donde los otrora integrantes de la URSS parecen dispuestos a que no aprendamos sus enreversados nombres, se halla este cementerio.

El mar de Aral yace entre Uzbekistán y Kazajistán. Es una masa de agua decadente, que fue retirándose y dejando a las poblaciones costeras desprovistas del líquido elemento. Ésto sucedió debido a la necesidad de la Unión Soviética de establecer cultivos permanentes en las estepas agrestes de la zona. Desviaron el curso de los dos principales ríos tributarios del mar de Aral, el Amu Daria y el Sir Daria. Mediante construcciones de pésima calidad, no sólo no aprovechaban todo el agua deseada, sino que perjudicaban al mar.

La masa de agua se redujo de forma drástica; hoy día se ha perdido más del 60% de la superficie del Aral, y el 80% de su volumen inicial. Pese a que los gobiernos de los dos países en que se encuentra el mar de Aral se esfuerzan en frenar su desaparición, parece ser demasiado tarde, y se ha hecho un daño irreparable al ecosistema y a la población.



La localidad de Aralsk, otrora un agitado y vibrante puerto, es hoy una ciudad poco menos que fantasma, donde gobiernan el óxido y los vientos. No obstante, pese a lo lamentable de la historia, es un lugar que capta la atención por su dejadez. Es como si los agentes atmosféricos quiseran vengar el daño hecho al mar, atacando las construcciones humanas.

La fantasmagórica visión de los buques encallados, navíos pensados para surcar el mar que ahora se sustentan sobre el lodazal, parece sacada de la mente de Beksinski. La sutil pero constante forma en que la naturaleza deteriora las estructuras, nos hace replantearnos ese afán de control total sobre los elementos, de quienes no somos ni seremos más que sus esclavos.

"A la naturaleza se la domina obedeciéndola" - Francis Bacon.

La Unión Soviética decidió tomar parte y tratar de dominar el curso de los cauces fluviales a su favor, y desde entonces, flaco favor les ha reportado tal empresa.

Esperemos que al menos, este agonizante mar de Aral nos sirva como ejemplo de los errores cometidos en el pasado, aquellos que no deben volver a repetirse. Su fotografía no deja de ser singular, y como cualquier otro rincón del mundo que logre cautivarnos, merece que su historia sea narrada, que sus singulares parajes sean contemplados.



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Información adicional:

Psy [Perros] 1989- Dmitri Svetozarov. Película ambientada en el desastre del mar de Aral.

Documental sobre el mar de Aral y su evolución:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/otros-documentales/aral-el-mar-perdido/1052282/

viernes, 17 de septiembre de 2010

Un clásico que se reinventa


Londres es, sin lugar a dudas, una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, y una digna candidata a capital de Europa. (Que lo sea o no, depende de la subjetividad de cada uno, ya que posee muy buenas rivales, todo sea dicho)

El ritmo de esta capital es frenético, tan solo has de ir un día cualquiera a las enormes explanadas de Hyde Park y echar un vistazo al cielo. Posiblemente llegues a ver tres aviones simultáneamente. De hecho, no hay momento en que no surque los cielos al menos uno de estos aparatos. Y, puesto que esta ciudad sabe como rejuvenecer, no ocurre lo que en tantos otros lugares, la creación de guetos o barrios marginados. En Londres, cada zona brilla con luz propia.



El famoso metro, underground, o como les gusta a los británicos ''The Tube'' es otra forma de comprender el incesante ajetreo al que está sometida la otrora Londinium. Eficaz como él solo, con un túnel para cada sentido del trayecto en casi todas sus líneas, por lo que la posibilidad de equivocarnos es mínima, se encuentra atestado a cada momento. Creed lo de la eficacia a pies juntillas; si no podéis llegar a tiempo, no será por falta de indicaciones o retrasos, en cualquier caso, los vagones irán demasiado llenos -no al nivel del metro tokiota-. Y no es como los sórdidos subterráneos que son escenario de crímenes, o los insanos metros de lugares en vías de desarrollo. No señor.

El Tube de Londres tiene carácter propio. Las estaciones son muy distintas entre sí; desde la gigantesca King's Cross, a la bulliciosa Picadilly, pasando por el metro al aire libre del extrarradio o a los personalizados -cómo olvidar los azulejos con la silueta de Sherlock Holmes en Baker Street-. Por otra parte, el carácter se ve reafirmado cuando bajas la escalera mecánica de Leicester Square, y de repente, otro tipo de escalera hace acto de presencia. La 'Stairway to Heaven' de Led Zeppelin interpretada a la perfección por un guitarrista. Y es que en el Reino Unido piensan tanto en la eficacia, que por las estaciones más importantes se encuentran diseminados unos puntos específicos para todo aquel que quiera ganarse su vida aderezando la subterránea, o simplemente, quiera dar a relucir sus dotes como futuro Mozart.

Y cuando salimos de este particular infierno dulce, posiblemente estemos justo donde queríamos. Tal es la preocupación por el turismo, que las principales atracciones bien se encuentran justo a la salida, o hay un pasadizo que te acerca. Sirvan como ejemplo la colosal mole neogótica del Big Ben justo al salir de Westminster Station, o el animado corredor subterráneo que nos conduce al jardín del Natural History Museum, evitando que nos perdamos por el exterior.

Hablando de atracciones, Londres tiene, y muchas. Y, para qué engañarnos, si bien algunas de las mejores son gratuitas, otras son escandalosamente caras. La mayoría se encuentra en la denominada ''zona 1'' siguiendo las áreas de metro, que van de menor a mayor según se alejan del centro.


La oferta cultural es innegable, y tenemos desde la Tate Modern, que ofrece singularidades artísticas en lo que otrora era una fábrica, a la inmensa colección del British Museum, de la cuál se puede disfrutar hasta quedar saturado de grandiosidad, -si tu natural odio hacia el expolio que sufrieron las cultura antiguas de mano de los ingleses te lo permite, claro está-. Aún mayor, probablemente, es la colección del Natural History Museum, con ese imponente diplodocus haciendo guardia, y miles de fósiles asombrosos, desde el extinto moa, ave gigante no voladora, a un pez celacanto que conserva sus tejidos tras nada menos que 80 millones de años. Sin olvidar la inmensa representación a escala 1:1 de la ballena azul.

Algo distinto a lo citado, es el Madamme Tussaud's, que si bien entretiene una mañana entera de lo enorme que es, y denota una enorme calidad en las figuras de cera, es bastante caro y está tan abarrotado de gente que la sala principal parece una discoteca, más que un museo. Mas de un susto puedes llevarte al comprobar que lo que creías estatua, es en realidad una persona que quedó petrificada por momentos, abrumada por la congestión.


Si ahora nos dedicamos a explorar el corazón de la ciudad, nos encontraremos con los preciosos edificios del parlamento, y con un río Támesis que sin duda, aporta frescura y estilo a la capital británica. Tan solo estando en el comienzo del London Bridge se aprecia la garra de una gran capital, con la colosal London Eye en su lentísimo ciclo, el embarkment, y los modernos edificios de la City asomándose tímidamente desde el horizonte.
De la dichosa noria, decir que se encuentra entre esas atracciones caras -un viaje sin descuento puede rondar las 23 libras- y que la cola, ''queue'' como nos enseñaron en la escuela, o ''line'' como dicen los londinenses, es insufrible. Eso sí, una vez arriba, las vistas quitan el aliento.

Podemos continuar nuestro periplo desde Houses of Parlament, a su aledaña Westminster Abbey, de imponente fachada vertical. Siguiendo el río hacia el norte, y adentrándonos de nuevo en la ciudad, llegamos a la siempre concurrida Trafalgar Square. Es el almirante Nelson, desde una considerable altura, quien vela por la genial colección de la National Gallery. Si consigues subirte a uno de los resbaladizos leones que flanquean la columna central del monumento, te sentirás como un niño y como alguien importante a la vez.


Y ahora sí llegamos al epicentro de la vida londinense, a la hipófisis de este particular torrente de sensaciones. Una delicada estatuilla, bocas de metro a cada paso y un aglomerado de pantallas luminosas, todo ello aderezado con el rumor de cientos de personas. Estamos en Picadilly Circus.

No os miento si os digo que es en Picadilly y en Oxford Street, donde las cotas de consumismo y diversión se disparan. Consumismo, por ejemplo en Lillywhites, seis pisos (al menos) donde encontrarás todo lo que se te imagine relacionado con los deportes. Diversión, por ejemplo, en Trocadero, un centro comercial vibrante, que rebosa de actividad. Varios pisos adornados con el mayor arcade que puedas imaginar -incluye varias mesas de billar en línea, cientos de máquinas e incluso una pista de coches choques-, tiendas de bisutería, manga-anime, restaurantes, y una marabunta de personas de nacionalidad no inglesa. Aunque esto es típico de Londres, en lugares como este se acentúa.

Si continuamos por el centro, tarde o temprano llegaremos al SOHO, que cuenta con varias calles de lo más animadas. Lo homosexual, lo moderno, lo nocturno, la diversión, se dan de la mano en este compendio de pubs y sex-shops, que es mejor recorrer por uno mismo para que cada cual se lleve su propia impresión, puesto que es quizás menos definido que otros lugares. Junto a él, no podemos olvidar Chinatown, con esos almacenes donde venden todo lo imaginable, y escaparates con tartas dignas de haber sido diseñadas por Ferrán Adriá de la mano de Santiago Calatrava o Norman Foster. Su aspecto es tal, que dan ganas de alunizar con un Aston Martin y zampárselas en el acto.


Más hacia el norte, donde los edificios no oprimen tanto, accedemos a un rincón que hará las delicias de niños y mayores. Un lugar exento de prejuicios y donde puedes dejar volar tu imaginación. Llegamos a la archifamosa Camden Town. Para muchos, la mejor experiencia de la ciudad.

A primera vista el visitante cree encontrarse ante un gran mercadillo, pero gradualmente -y esto es lo mejor, que la sorpresa se da poco a poco- descubre que Camden es mucho, muchísimo más. En su calle principal puedes encontrar un ejemplo de cada tribu urbana en menos de cincuenta metros. Tiendas de aspecto genial, con fachadas decoradadas, y ante todo ropa, mucha ropa.

Pero si continúas, pronto aparece el canal de Camden, con cuyo lento flujo de agua y el mecer de las hojas de sauces llorones, apacigua este vibrante lugar. Más allá se encuentra lo que yo denomino, la plaza de las exquisiteces gastronómicas. Y es que Camden es el súmmum de la comida económica -y cosmopolita- en una ciudad donde la sensación de poseer un agujero negro en la cartera es constante. Platos de todos los rincones del mundo, contundentes y a precio de saldo, aparecen ante tus sentidos. No sólo el visual, sino el olfativo e incluso aparecen ante el paladar, a modo de aperitivos que se te ofrecen para decidirte por un puesto en concreto. Thai, vietnamita, hindú, turco, marroquí, polaco...todo lo que imagines. Y de postre, ¿por qué no deleitarse con una brocheta de frutas, cubiertas de chocolate belga fundido y espolvoreada con esponjitas dulces y trozos de avellana? Servida en hoja de platanera, faltaría más.


Por último, no podemos dejar pasar el nostálgico Stables Market, con los caballos como elemento constante de decoración y una ingente cantidad de miscelánea 'vintage' para los amantes del pasado, desde mapas de la antigüedad, a pósters, ropa, máquinas de escribir, instrumentos musicales, etc. Y el colofón, para la que quizás sea la tienda más genuína de cuantas he visto. Cyberdog, al final del recorrido por Camden. Una entrada custodiada por robots gigantes da lugar al neón, a la fluorescencia, a camisetas con pantalla LED, a peluches de enfermedades, a artículos dedicados a la práctica de sexo un tanto alternativo. El paraiso freak por escelencia.

Con todos estos alicientes, dan ganas de quedarse a vivir, pero aún nos queda Londres por recorrer.

Es hacia el Este, en busca de los Docklands, donde surge lo que da lugar al título de este artículo. Tradición y modernidad, van de la mano en la City londinense. El St. Mary's Axe, ese archifamoso rascacielos con forma ahuevada y de concepto futurista, custodia otros tantos colosos acristalados, a uno y otro lado del río, como es el caso del nuevo City Hall, que parece una esfera deformada por el fuerte viento. Y todos estos edificios, rinden completa devoción a sus ancestros, dos de ellos, se cuentan posiblemente, entre las construcciones más bellas del mundo.


Hablamos de la ''Tower of London'' y del ''Tower Bridge''. La fortaleza medieval, causa un bellísimo impacto, con sus preciosas torres, sus sólidos muros y su cuidada explanada. Por otro lado, qué decir del puente. Si hay algo de la ciudad que supera las espectativas que tenías antes de visitarla, es el Tower Bridge. Majestuoso, ligeramente gótico, colorido, único en sus formas, totalmente acorde con las orillas que une, con el río que protege. Pasear bajo sus dos torres es una experiencia inolvidable.Tanto como contemplar la ciudad desde la cúpula de St. Paul's Cathedral, la colosal y clásica. Tan alta es, que cuesta atisbar siquiera la enorme cúpula desde abajo, desde según qué ángulo.

Pero no todo en la zona de la City es positivo; el ritmo de vida es demasiado frenético, es zona de negocios. No esperes contemplaciones si has de pedir información, estarán demasiado ocupados para ofrecértela. Y no esperes saciar tu apetito sin vaciar la cartera. Posiblemente debas empeñarla para poder costearte la cena.


Yendo aún más hacia el Este, aparece el complejo de negocios de Canary Wharf, que si bien no posee la elegancia ciertamente opresiva de la City, sí que tiene un toque espacioso, joven y americano. Los canales y parques de verde puro que rodean los rascacielos, la plaza del One Canada, edificio más alto de Gran Bretaña, y la fabulosa salida de la estación de metro, contribuyen a grabar en la retina una imagen impecable. El atardecer, en ese singular lugar, debe ser espléndido. A esa hora, miles de empresarios atestan los pubs para cenar.

Si, por último, nos alejamos hacia el sur, cruzando el Thames, aparece ante nosotros un bellísimo suburbio que guarda una grata sorpresa. Greenwich. Con aspecto de pueblecito pesquero, cuesta creer que se encuentra inmerso en una urbe de ocho millones de habitantes, cuesta hasta que al otro lado del río ves la mastodóntica figura del One Canada y piensas que 15 minutos de metro te separan del bullicio. Allí reside, en Greenwich, el Cutty Shark, posiblemente el velero más famoso del mundo, que no tuve suerte de ver puesto que se encontraba en restauración. Pero hay más alicientes, como la colina del observatorio, donde se encuentra la famosa línea meridiano, que divide el mundo en dos.

Y más importante, desde allí las vistas de la ciudad son, no ya bellas, sino épicas. Creedme que pasar un atardecer contemplando la ciudad en todo su esplendor desde ese recodo de paz y sosiego, es algo que difícilmente se olvida.



Ahora es más fácil comprender que Londres, a pesar de ser una gigantesca metrópolis, es una ciudad madura, y esto ayuda a que coexistan lo antiguo y lo moderno sin estrépitos, sin ser forzado, y a que en todo lugar haya cerca un parque donde relajarse y huír del estrés. Es debido a que Londres ha crecido sin prisas, y así, no hay ningún barrio marginado, ningun lugar sin sus debidos servicios básicos. Prueba de ello es que tenemos parques geniales, como el ya citado Hyde Park, con su lago Serpentine, y kilómetros cuadrados para hacer el ganso -o darles de comer a ellos-. También tenemos el Green Park, con sus famosas tumbonas, y su romántico y otoñal paseo flanqueado por robustos árboles de hoja caduca.

Y cómo olvidar el St. James Park, el parque de palacio, de un aburrido y sórdido palacio de Buckingham que habrá a quien le merezca la pena, pero a mí me resulta demasiado gris y monótono. Este parque es, en esencia, la viva imagen de esa idea que todos tenemos de un parque. Un precioso lago con puentes de madera, una islita con pelícanos, sauces nutriéndolo con sus llantos en la ribera, jardines inmaculados, y fauna variada. Ocas, gansos, patos, cisnes, ardillas, cuervos, etc.


Como broche final a nuestro recorrido por Londres, hay que citar Regent's Park. Situado cerca de Camden Town, junto al parque zoológico, reune las condiciones para ser el parque ideal. Posee una explanada que alcanza hasta el horizonte, donde docenas de grupos de deportistas, desde profesionales a amateurs, se dedican a llevar a cabo una vida sana. Es una imagen que merece la pena conservar. Es lo más cercano a un mundo ideal que puedes atisbar.

Asimismo, hay otra parte dedicada al descanso puro y duro, con un césped de un verde que duele a la vista y apetece sin dudarlo, y otra de jardín escénico, con colecciones de flora que logran paisajes asombrosos. Desde cascadas pedregosas donde se respira la más pura humedad y el perfume de las rosas, cientos de rosas de mil colores que atestan los Queen Mary's Gardens.


Tras esta lectura, cuesta pensar en Londres como esa ciudad de gente estirada, gris a más no poder. Cuesta pensar en el humor ácido, en lo conservador.

Londres, hoy por hoy, es tan cosmopolita, e incluye una oferta tan amplia de 'todo', que me atrevo a decir que es una ciudad de plastilina.

Es una ciudad que se moldea, a tu gusto, hasta que sin lugar a dudas puedes gritar ¡Estoy satisfecho!
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