martes, 13 de agosto de 2013
Océano de dunas
jueves, 6 de octubre de 2011
Hermanos
martes, 27 de septiembre de 2011
Caldera de la diversidad
Emplazado en el norte de Tanzania, Ngorongoro es un cráter de colosales dimensiones que cobija una nutrida selección de la fauna de grandes mamíferos. No lejos de él, se yergue la imponente mole del Kilimanjaro.
La extensa planicie de sabana que tapiza esta región, se eleva seiscientos metros. Su interior se hunde, dando lugar a una depresión de unos veinte kilómetros de diámetro.
La naturaleza de la formación es volcánica, siendo una enorme caldera extinta que se formó debido a los movimientos tectónicos del Rift Valley. No olvidemos que el cuerno de África se está separando del resto del continente, y la fractura pasa por esta zona.
En su interior habitan unos veinticinco mil animales, entre los que se encuentran rinocerontes negros, gacelas, cebras, elefantes, hipopótamos y búfalos. En cuanto a grandes carnívoros, posee la densidad más alta conocida para leones, unos sesenta, que ya son muchos dado el inmenso territorio que requiere cada grupo para cazar.
La única manera de acceder al cráter es desde la ciudad de Arusha, en la que se planifican los famosos safaris fotográficos al área de conservación de Ngorongoro. La oferta es suculenta, puesto que también es posible contactar con tribus de masáis pastores en la región.

Maneras en que se ha aprovechado el valor paisajístico del cráter de Ngorongoro. A la izquierda, una comida en el Lodge de lujo, con unas vistas sobrecogedoras. A la derecha, uno de los paradores "Ngorongoro Serena Safari Lodge", en simbiosis con el entorno.
Si bien puede parecer un enclave más de la típica sabana, tan manida en documentales, es precisamente su condición de accidente geográfico lo que hace a Ngorongoro espectacular. Un mundo perdido, aislado de su entorno por las altas paredes que circundan al cráter.
Y si todo ésto os parece poco, debéis saber que en las inmediaciones se encuentra la garganta de Olduvai, la famosa "cuna de la humanidad". Es aquí donde se encuentran los restos más antiguos de homínidos, que hace varios millones de años lograron expandirse hacia el resto de África y a los demás continentes.
Los mismos homínidos que una vez vivieron en armonía con la naturaleza, ahora se afanan en un progreso desmedido y sin miramientos. Es aquí mismo, en la reserva del Serengeti, donde el gobierno tanzano ha proyectado la construcción de una carretera que siega el parque prácticamente por la mitad. Las consecuencias de semejante atrocidad no pueden ser calculadas en su totalidad, dado el delicado equilibrio del ecosistema así como las incontables variantes que lo modelan.
Por ejemplo, si la carretera supone un bloqueo de la migración de ñús y cebras, éstos no pastarán en las tierras que hay al otro lado, la vegetación crecerá en exceso y será más vulnerable a los incendios naturales, que pueden dejar el terreno baldío durante mucho tiempo.
No obstante, Ngorongoro, con su particular enclaustramiento, parece inalcanzable a la mano transformadora del hombre. Los edificios turísticos respetan su esencia, saben que es magnética. Aquí abajo la naturaleza aún encuentra su delicado equilibrio y posee la capacidad de fascinar al ojo del hombre, aquél que un día partió de su hogar en pos de una expansión casi vírica.
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Información adicional:
Web del Ngorongoro Serena Safari Lodge, con galería de fotos, entre otras cosas:
http://www.serenahotels.com/serenangorongoro/default-en.html
martes, 27 de abril de 2010
La costa del veneno



viernes, 29 de enero de 2010
Máscaras ceremoniales
Es allí donde el Sáhara comienza a rendirse ante tierras más fértiles, en el África Occidental, que habita una de las tribus más fascinantes del continente negro. En la frontera entre lo inhóspito y salvaje, y lo dinámico y humano. Más al sur de este lugar, está la zona más densamente poblada de toda África, los países que bañan sus costas en el golfo de Guinea.
No por nada viven en un lugar tan alejado de comodidades, lleno de peñascos pedregosos, un tórrido rincón del planeta donde las temperaturas ascienden sin ningún pudor más allá de los 45ºC.
Los poblados dogones se yerguen sobre las laderas de esta tierra irregular, con tímidas chozas como hogar de sus habitantes.

La mayoría practica el animismo, esto es, la adoración de una o muchas deidades que tienen su avatar en este mundo (firmamento, animales, plantas, fenómenos meteorológicos, etc.) Un claro ejemplo de animismo sería la Civilización Egipcia. Para los dogones, su dios particular es Sirio, la estrella más brillante del firmamento. Sus creencias están basadas en la cosmología. No obstante, algunos fueron convertidos al islam o al cristianismo, por lo que hay poblados en los que la población llega a dividirse en barrios según su creencia.
En cuanto a la cosmología, hay quienes creen que llegaron a contactar con seres extraterrestres provenientes de esa estrella. Esta teoría se basa en la conversación de un antropólogo francés, Marcel Griaule, con un jefe chamán de un poblado, llamado Ogotemmeli en 1939. (Supongo que la conversación fue en francés, idioma muy hablado en esa zona de África por ser colonia). El tal Ogotemmeli dio datos muy concretos sobre astronomía. Incluso dijo que 'Po Tolo' (la estrella gemela de Sirio, Sirio B) era ''tan pesada que ni toda la humanidad podría sostenerla''.
Casualmente se sabe que Sirio B es una estrella de enorme densidad, ( tan grande como la Tierra pero tan pesada como el Sol).
Si bien todo este misticismo puede ser lapidado por el hecho de que esos datos eran conocidos desde 1862 por el mundo Occidental. Por tanto, es de suponer que un misionero jesuita, o cualquiera que tuviese contacto con los dogones anteriormente, les intentase imbuir en los conocimientos modernos, y ese jefe chamán simplemente se limitase a orar lo que escuchó.
Dejando a un lado ese interesante tema, no menos interesante es el ritual de las máscaras. En especial el ritual Sigi, de los dogones que habitan en Mali, es muy difícil de presenciar, puesto que celebran uno nada menos que cada sesenta y cinco años, pero verlos danzar en mitad de la noche, en una atmósfera cargada de ascuas provenientes de las hogueras, y con máscaras gigantescas que al ser portadas desafían el equilibrio, debe ser algo inolvidable. Representa la restaurción del mundo, digamos, el comienzo de un nuevo ciclo.


Esperemos que un pueblo con tanto carácter propio como los dogon, logren frenar el imparable periplo de la cultura Occidental, que ha pasado de una sana exposición de valores modernos a los pueblos, a un virus que hace mucho perdió la noción de restricción de su expansión, puesto que si no, anécdotas como la del chamán Ogotemmeli serían el pan de cada día, y perderían su identidad.





