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martes, 13 de agosto de 2013

Océano de dunas


Hacia el suroeste de África encontramos uno de esos paisajes, capricho de la naturaleza, que quitan el aliento. Por la comunión de dos ambientes que a priori, en nuestra mente, quedan completamente disociados. Hablamos del desierto y el océano, llegando casi a abrazarse el uno al otro, en el Namib. Cuando alcanzamos Walvis Bay, más o menos en el centro de Namibia, el color beige de las dunas da paso al azul profundo del Atlántico, sin transiciones de ningún tipo.


La corriente de agua fría de Benguela recorre esta zona del Atlántico siguiendo los patrones de la circulación oceánica planetaria. En la costa oeste de la mayoría de continentes existen corrientes frías, que generan anticiclones permanentes. Al enfriar estas corrientes el aire en superficie, este pesa más, y no puede subir para formar nubes -y por tanto apenas llueve-. Por eso, allá donde hay corrientes frías, suele haber desiertos. Esto ocurre, por ejemplo, en Perú con la corriente de Humboldt, creando la zona desértica de Atacama en la frontera con Chile. Aquí  en África se genera el Namib.

En el desierto de Namib hallamos uno de los climas más extremos de la Tierra; no obstante, permite la existencia de numerosas y diversas formas de vida que han sabido adaptarse a sus requerimientos. Es aquí donde habitan algunos de los elefantes más grandes del mundo. Son algo más corpulentos que sus primos de la vertiente oriental del continente, en Kenya y Tanzania. Pero además de estos sabios gigantes que recuerdan sendas por donde pocos podrían advertir un camino, en busca de la preciada agua dulce, tenemos otros seres que sorprenden por su delicadeza. Es el caso del escarabajo del Namib, (Stenocara gracilipes).  Muchos de vosotros tendréis la imagen mental del menudo cuerpo del escarabajo, subido en la cresta de una de las inmensas dunas, con el cuerpo inclinado para recoger la humedad. Es así como se hidratan, cada mañana, gracias a las bruma del rocío matinal. El aire acaba por condensarse y formar una gota casi tan grande como el escarabajo, que después beberá.

Aquí vemos como la gota comienza a condensarse en el cuerpecillo del escarabajo.

Tan impresionante como la fauna, o más, es la flora adaptada a este clima. Tenemos así a la welwitschia, una extraña planta que nace de un tronco grueso en el desierto y de la que brotan dos únicas hojas que luego se elongan. Parece aprovechar de manera muy eficaz las brumas matinales y oceánicas. Es una de las plantas, y por extensión seres vivos, más longevos que se conocen, pudiendo vivir entre mil y dos mil años.


La actividad eólica y el paso de los siglos han logrado elevar en este desierto las dunas como en ningún otro. En la región de Sossusvlei, algunas de éstas se elevan más de trescientos metros sobre los alrededores. Aquí, la homogeneidad del paisaje se ve rota por la aparición de costras salinas, formadas debido a la extrema evaporación que sufren los suelos de antiguas charcas. El paisaje es extraterrestre; parecen reductos del planeta Marte traídos a la Tierra. Además, la presencia de troncos de árboles -como si de guardianes del salar ataviados con capas raídas se tratase- le confiere un aspecto aún más singular.


Es Namibia un país caracterizado por la ocupación alemana; se convirtió en protectorado del Imperio Alemán en 1884 y permaneció como colonia hasta el fin de la Primera Guerra Mundial. Eso se deja notar en la arquitectura una vez que abandonamos los dominios de lo salvaje para adentrarnos en oasis de civilización. Y se trata de otro de sus notables encantos; nuestra mente no asimila con facilidad que casas con patrones típicos de Centroeuropa se encuentren en el sur de África, rodeadas de desierto.

El mejor ejemplo lo tenemos en Windhoek, la capital del país, enclavada hacia su zona central. Su bella catedral parece sacada de los cuentos populares europeos. En la zona sur del país, casi limitando con Sudáfrica está Lüderitz, cuyo nombre ya nos evoca a Alemania y cuyas calles con casas coloridas también parecen emerger del corazón del viejo continente.


La foto superior nos muestra la arquitectura de una de las calles del centro de Lüderitz, y la inferior el encanto de la catedral de Windhoek, capital del país.

Namibia posee un encanto y una complejidad increíbles, así que me veré obligado a hablar de ella en el futuro, como mínimo, de sus gentes, así como de otros parajes de extrema belleza, esa que surge tras el abandono total, como ocurre en la costa de los Esqueletos, en el norte.





jueves, 6 de octubre de 2011

Hermanos



La mirada de este gorila se nos clava. De pronto, notamos una especie de calidez en el esófago. Nos relaja saber que hay más como nosotros, perdidos en la inmensidad del espacio, en un planeta algo singular.

El simio nos mira, le devolvemos la mirada, y nos damos cuenta de que no somos tan diferentes. En algún lugar de esos brillantes ojos, se refleja el alto porcentaje de ADN que compartimos ambas especies. Nuestros hermanos poseen una relación más intensa, directa e inteligente con la naturaleza que les rodea, sin apenas causarle impacto. Somos nosotros quienes les hemos puesto en jaque, con la caza furtiva descontrolada, y ahora se encuentran al borde de la extinción.

Los gorilas son una de las especies de grandes mamíferos más escasas del planeta. Esta subespecie, el gorila de montaña, habita en los montes Virunga, en el corazón de Ruanda, y en la selva de Bwindi, en Uganda. Es la más amenazada de todas, quedando apenas setecientos ejemplares, que se recluyen en las laderas y entre los montes de naturaleza volcánica, donde la vegetación es muy espesa y las brumas hacen acto de presencia durante toda la jornada. Este lapso de tiempo, lo suelen pasar buscando comida, puesto que sustentar cuerpos de más de doscientos kilos con vegetación requiere mucha cantidad de la misma.

La estructura social de los grupos está bien definida; hembras con sus crías y un macho dominante, "espalda plateada", que puede ser acompañado por un reducido número de machos, o ser el único. Los gorilas son muy sociables y se protegen entre sí, no obstante, si un espalda plateada llega a un nuevo grupo, suele matar a las crías para asegurarse de que son sus descendientes los que persistan en la próxima generación. Esta estrategia puede parecernos cruel, pero es sorprendentemente común en el reino animal.



Los montes Virunga, como todos los terrenos volcánicos, son muy fértiles. Esto crea un conflicto, puesto que los agricultores de la zona ganan terreno a los territorios vírgenes.

La población de esta especie se ha visto mermada por numerosos factores; la caza furtiva, puesto que son muy apreciados como trofeos y sus miembros son requeridos en colecciones; las trampas para otros animales, que aún así muchos gorilas tienen la pericia de desmontar; la pérdida de hábitat debido a la intrusión de los lugareños para ganar terrenos de cultivo, y las enfermedades que les transmitimos los humanos al ser tan parecidos genéticamente.

Es digno de señalar que Ruanda es un país, como muchos otros del corazón de África, que se ha visto inmerso en guerras continuamente, y en el que se produjo un brutal genocidio en el año 1994. 

Los tutsis son una minoría étnica que en el pasado destronó a los dirigentes de la etnia hutu, y tras la colonización belga en el siglo XIX, gozaron de numerosos privilegios que hicieron distanciarse a los dos grupos. Esos antecedentes tuvieron como colofón una matanza que acabó con la vida de entre quinientas mil y un millón de personas de etnia tutsi, quedando estos al borde de la desaparición al rebelarse los hutu.

Fue un genocidio pensado minuciosamente, que tan solo necesitaba una excusa para perpetrarse. Ésta llegó cuando el avión en el que viajaba el presidente Juvenal Habyarimana, de etnia hutu, el 6 de abril de 1994, fue derribado. A partir de entonces se sucedieron más de tres meses de matanzas continuadas sobre los tutsis, que en ningún momento recibieron una condena internacional justa y uniforme.



Este caso es solo un ejemplo de la inestabilidad política que asola la región, y si a eso le unimos la falta de preocupación medioambiental del continente negro, puesto que desean desarrollarse a toda costa antes como ya lo ha hecho Occidente, nos encontramos ante un ambiente hostil para la biodiversidad de los montes Virunga.

No obstante, debemos hacer lo posible por preservar este lugar, este resquicio selvático de incalculable valor. Las visitas a las poblaciones de gorilas de montaña, bien llevadas, cuidando de que ningún turista porte enfermedad alguna y con un impacto directo mínimo, sirven para que comprendamos la importancia de esta región.

Nos despedimos de los montes Virunga, alejándonos de la mirada de los gorilas, de esos ojos brillantes cargados de esperanza que confían en que aprendamos algo de quienes los poseen. De que aprendamos a desarrollarnos de manera sostenible, y dejemos a un lado esos conflictos raciales que tanto daño hacen. ¿Por qué establecer diferencias, si todos estamos perdidos en un planeta especial, en la inmensidad del espacio?

...Hutus, tutsis, caucásicos y gorilas.



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Información adicional

Hotel Rwanda, 2004. Dirigida por Terry George.
Película que trata sobre el genocidio acontecido en el país.

Página oficial del Parque Nacional Virunga

martes, 27 de septiembre de 2011

Caldera de la diversidad


Emplazado en el norte de Tanzania, Ngorongoro es un cráter de colosales dimensiones que cobija una nutrida selección de la fauna de grandes mamíferos. No lejos de él, se yergue la imponente mole del Kilimanjaro.


La extensa planicie de sabana que tapiza esta región, se eleva seiscientos metros. Su interior se hunde, dando lugar a una depresión de unos veinte kilómetros de diámetro.


La naturaleza de la formación es volcánica, siendo una enorme caldera extinta que se formó debido a los movimientos tectónicos del Rift Valley. No olvidemos que el cuerno de África se está separando del resto del continente, y la fractura pasa por esta zona.


En su interior habitan unos veinticinco mil animales, entre los que se encuentran rinocerontes negros, gacelas, cebras, elefantes, hipopótamos y búfalos. En cuanto a grandes carnívoros, posee la densidad más alta conocida para leones, unos sesenta, que ya son muchos dado el inmenso territorio que requiere cada grupo para cazar.


La única manera de acceder al cráter es desde la ciudad de Arusha, en la que se planifican los famosos safaris fotográficos al área de conservación de Ngorongoro. La oferta es suculenta, puesto que también es posible contactar con tribus de masáis pastores en la región.



Maneras en que se ha aprovechado el valor paisajístico del cráter de Ngorongoro. A la izquierda, una comida en el Lodge de lujo, con unas vistas sobrecogedoras. A la derecha, uno de los paradores "Ngorongoro Serena Safari Lodge", en simbiosis con el entorno.


Si bien puede parecer un enclave más de la típica sabana, tan manida en documentales, es precisamente su condición de accidente geográfico lo que hace a Ngorongoro espectacular. Un mundo perdido, aislado de su entorno por las altas paredes que circundan al cráter.


Y si todo ésto os parece poco, debéis saber que en las inmediaciones se encuentra la garganta de Olduvai, la famosa "cuna de la humanidad". Es aquí donde se encuentran los restos más antiguos de homínidos, que hace varios millones de años lograron expandirse hacia el resto de África y a los demás continentes.


Los mismos homínidos que una vez vivieron en armonía con la naturaleza, ahora se afanan en un progreso desmedido y sin miramientos. Es aquí mismo, en la reserva del Serengeti, donde el gobierno tanzano ha proyectado la construcción de una carretera que siega el parque prácticamente por la mitad. Las consecuencias de semejante atrocidad no pueden ser calculadas en su totalidad, dado el delicado equilibrio del ecosistema así como las incontables variantes que lo modelan.



Por ejemplo, si la carretera supone un bloqueo de la migración de ñús y cebras, éstos no pastarán en las tierras que hay al otro lado, la vegetación crecerá en exceso y será más vulnerable a los incendios naturales, que pueden dejar el terreno baldío durante mucho tiempo.


No obstante, Ngorongoro, con su particular enclaustramiento, parece inalcanzable a la mano transformadora del hombre. Los edificios turísticos respetan su esencia, saben que es magnética. Aquí abajo la naturaleza aún encuentra su delicado equilibrio y posee la capacidad de fascinar al ojo del hombre, aquél que un día partió de su hogar en pos de una expansión casi vírica.


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Información adicional:


Web del Ngorongoro Serena Safari Lodge, con galería de fotos, entre otras cosas:

http://www.serenahotels.com/serenangorongoro/default-en.html


Documental sobre la caldera de Ngorongoro, National Geographic:

http://www.megavideo.com/?v=H18C3HUO


martes, 27 de abril de 2010

La costa del veneno


Hablar del África Occidental, más concretamente, de Benín, Togo y la costa nigeriana, es tratar en cierto modo un crisol de temas, y es que es sin duda la zona más variopinta del continente negro, su corazón, el punto más dinámico.

La vigorosa explosión demográfica de esta zona, probablemente no tenga parangón en el mundo entero. Los países que integran el África Occidental, poseen todos una fuerte natalidad, una media de unos cinco hijos por mujer. Si bien es cierto que la mortalidad, infantil ante todo, es elevadísima.

Ciudades como Lagos, la capital de Nigeria, experimentan un vertiginoso aumento poblacional, nutrido en parte por la emigración rural. Una ciudad mediocre no hace más de veinte años, que ahora ha desbancado a prácticamente la totalidad de ciudades modernas. Más de trece millones de habitantes se aglutinan en esta caótica urbe, de desproporcionadas dimensiones.
Está claro que las infraestructuras no pueden extenderse a la misma velocidad que las viviendas. Y lo peor es la ubicación. Situada en una albufera que da al golfo de Guinea, es el caldo de cultivo perfecto para los plasmodium que causan la malaria, y para los mosquitos que los transportan.

Otra de las grandes taras de esta ciudad, es la proporción de infectados por VIH, que crece como la espuma, y en sectores como el de la prostitución, alcanza cotas espeluznantes. No obstante, la población es joven, y son gentes optimistas, vitales y felices. Algo así como la antítesis a una Europa alienada, depresiva, envejecida y aséptica


Si continuamos nuestra travesía hacia el Oeste, pasando por el angosto país de Togo, llegaremos a Benín, y aquí merece la pena hacer un inciso en el que viajaremos al lado más oscuro del continente negro;

Muchos habréis oído hablar del vudú. Esa religión animista que tan bizarra nos resulta. Es ciertamente impactante contemplar una ceremonia, en la que aquellos que pretenden contactar con los espíritus del más allá, siguen unas pautas hasta alcanzar un estado de trance.
Toda esa gente danzando, y algunos elegidos cuyos ojos se encuentran virados y en blanco...ya fuera del mundo cotidiano, tratando de comunicarse con los ''loas'', espíritus intermediarios entre el mundo de los vivos y el de los muertos.Es tal vez esa capacidad de anexionar la rutina diaria con una especie de universo paralelo, lo más fascinante del vudú. Y como no... los muñecos torturados, perforados por agujas, que denotan el carácter vengativo de la magia negra, que proviene de gentes muy pasionales.

Y esas gentes pasionales, aunque el vudú más famoso sea el practicado en Haití, no hay que olvidar que encuentran sus raíces en el África Occidental. Fruto del tráfico de esclavos llevado a cabo por las metrópolis europeas, fue que el vudú logró extenderse hacia América.


Pero si insistimos en el más arcaico, lo encontramos en esta región. Pues bien, es en Benín, y en su capital Cotonú, donde encontramos tal vez la máxima expresión del vudú y todo lo que pueda implicar. Por ejemplo la obtención de materiales de todo tipo, que en una religión animista, son imprescindibles. Todos los objetos tienen propiedades más allá de las organolépticas o de valor sentimental que cualquiera pudiera advertir. En el mercado de 'Le Fetiche' de la capital, encontraremos un inmenso cajón de sastre para toda esta miscelánea de lo grotesco, o mejor dicho, de lo oculto.


No contentos con semejante descubrimiento, es de notable impacto el conocer la forma en que estas gentes expresan su pasión... tanto de forma positiva, como negativa. Y la negativa es bien curiosa.

Se habla por ejemplo, de envenenamiento con mariposas. Suena contradictorio... algo cruel, violento y doloroso, que parte de un frágil e inofensivo insecto. Es la sutilidad, otro de los aspectos interesantes de este tipo de ataques. Si alguien te ha hecho daño, puedes conseguir unas mariposas -vivas obviamente-, y darles a oler algún objeto o prenda que utilizase la futura víctima. Con su finísima recepción química de los olores, está claro que los lepidópteros, son mejores que un sabueso. Acto seguido, envenenamos las patas de las mariposas, y las dejamos ir. Seguirán al infeliz objetivo de nuestra cólera, y al posarse...et voilà.

Seáis o no escépticos, sin duda son maneras ingeniosas.


Es esta, una fascinante tierra, la del delicioso chocolate marfileño, la de los majestuosos árboles baobab de inmenso tronco, un lugar de gran biodiversidad, de tribus variopintas. Un lugar en parte anclado en el pasado, vetado al desarrollo, pero en parte rebelde y sediento de romper los grilletes que le encadenan a la maldición africana.

viernes, 29 de enero de 2010

Máscaras ceremoniales


Es allí donde el Sáhara comienza a rendirse ante tierras más fértiles, en el África Occidental, que habita una de las tribus más fascinantes del continente negro. En la frontera entre lo inhóspito y salvaje, y lo dinámico y humano. Más al sur de este lugar, está la zona más densamente poblada de toda África, los países que bañan sus costas en el golfo de Guinea.
Pero bien, centrémonos en este lugar a mitad de camino, centrémonos en esa tribu. Son los dogones. Un pueblo que intenta mantenerse alejado de la penetrante globalización que amenaza con destruir la fascinante diversidad con que aún resisten estoicamente muchas tribus de esta región del planeta.
No por nada viven en un lugar tan alejado de comodidades, lleno de peñascos pedregosos, un tórrido rincón del planeta donde las temperaturas ascienden sin ningún pudor más allá de los 45ºC.

Los poblados dogones se yerguen sobre las laderas de esta tierra irregular, con tímidas chozas como hogar de sus habitantes.



La mayoría practica el animismo, esto es, la adoración de una o muchas deidades que tienen su avatar en este mundo (firmamento, animales, plantas, fenómenos meteorológicos, etc.) Un claro ejemplo de animismo sería la Civilización Egipcia. Para los dogones, su dios particular es Sirio, la estrella más brillante del firmamento. Sus creencias están basadas en la cosmología. No obstante, algunos fueron convertidos al islam o al cristianismo, por lo que hay poblados en los que la población llega a dividirse en barrios según su creencia.

En cuanto a la cosmología, hay quienes creen que llegaron a contactar con seres extraterrestres provenientes de esa estrella. Esta teoría se basa en la conversación de un antropólogo francés, Marcel Griaule, con un jefe chamán de un poblado, llamado Ogotemmeli en 1939. (Supongo que la conversación fue en francés, idioma muy hablado en esa zona de África por ser colonia). El tal Ogotemmeli dio datos muy concretos sobre astronomía. Incluso dijo que 'Po Tolo' (la estrella gemela de Sirio, Sirio B) era ''tan pesada que ni toda la humanidad podría sostenerla''.
Casualmente se sabe que Sirio B es una estrella de enorme densidad, ( tan grande como la Tierra pero tan pesada como el Sol).
Si bien todo este misticismo puede ser lapidado por el hecho de que esos datos eran conocidos desde 1862 por el mundo Occidental. Por tanto, es de suponer que un misionero jesuita, o cualquiera que tuviese contacto con los dogones anteriormente, les intentase imbuir en los conocimientos modernos, y ese jefe chamán simplemente se limitase a orar lo que escuchó.

Dejando a un lado ese interesante tema, no menos interesante es el ritual de las máscaras. En especial el ritual Sigi, de los dogones que habitan en Mali, es muy difícil de presenciar, puesto que celebran uno nada menos que cada sesenta y cinco años, pero verlos danzar en mitad de la noche, en una atmósfera cargada de ascuas provenientes de las hogueras, y con máscaras gigantescas que al ser portadas desafían el equilibrio, debe ser algo inolvidable. Representa la restaurción del mundo, digamos, el comienzo de un nuevo ciclo.





















Esperemos que un pueblo con tanto carácter propio como los dogon, logren frenar el imparable periplo de la cultura Occidental, que ha pasado de una sana exposición de valores modernos a los pueblos, a un virus que hace mucho perdió la noción de restricción de su expansión, puesto que si no, anécdotas como la del chamán Ogotemmeli serían el pan de cada día, y perderían su identidad.

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