jueves, 14 de abril de 2011

Aotearoa



Seguramente todos retengáis en la memoria esa escena, en los comienzos de los partidos de rugby, cuando el equipo neozelandés comienza el ritual de la haka, para amedrentar a su rival.


Esa danza tribal tan fastuosa y llena de energía, en la que la gesticulación y los sonidos son fundamentales, acaba por hipnotizar a quien la presencia, transportándole a otra dimensión.


Es el poder de magnetismo del pueblo maorí, que sigue presente hoy día en el archipiélago de Nueva Zelanda, a unos dos mil kilómetros de Australia. Esta tierra recibió al pueblo polinesio en último lugar, tras haber recorrido casi todas las islas del océano Pacífico. Fue aquí, en estas tierras templadas, algo apartadas del resto de ínsulas situadas en latitudes más tropicales, donde los maoríes diversificaron su cultura dadas las condiciones que encontraron.


Nueva Zelanda, si bien posee una extensión discreta, se extiende entre latitudes bastante distantes, es una nación alargada. Ésto le confiere un clima subtropical en su extremo norte, y templado en el sur, albergando incluso clima de montaña alpino en las cordilleras de la isla homónima.


Los maoríes se ubicaron principalmente en el extremo norte, y hoy día es en la isla Norte donde se encuentra la mayoría. Es en esta zona donde encontramos Auckland, la mayor y más moderna ciudad del país, famosa por su "skyline" y por ser la ciudad con mayor número de embarcaciones por habitante del mundo. De hecho, hay más veleros que habitantes en esta ciudad. Es además, uno de los lugares con mayor calidad de vida del mundo según diversos estudios y es la capital maorí, orgullosa de sus raíces, que poco o nada tienen que ver con el frenesí y modernismo actual.




Centrándonos en el pueblo maorí, es importante coocer que su importancia e influencia ha sufrido altibajos a lo largo del tiempo. Si bien se extendieron bien al principio, con la llegada de los colonos europeos, y el desembarco del capitán inglés James Cook en el año 1769, su cultura fue relegada a un segundo plano. De modo análogo a los aborígenes australianos, sufrieron el embite de los valores occidentales.




Cook buscaba incasable la tierra prometida de los mares del sur, la "Terra Australis" y siete siglos después del primer asentamiento polinesio -maorí- en Nueva Zelanda, llegó para nutrir al ya atiborrado Imperio Británico con una colonia más.


Desde entonces, la cultura maorí ha sido ensombrecida, hasta tiempos recientes. No es hasta la segunda mitad del siglo XX cuando Nueva Zelanda y su gobierno se preocupan de mantener vivas las raíces que diferencian esta singular región. Lejos de ser vistos como salvajes, se ha querido rescatar su conocimiento, su lengua, que en las nuevas generaciones está en alza junto con el inglés, y su tradición. Incluso muchos asentamientos del norte del país siguen de nuevo los patrones establecidos por los maoríes que colonizaron el lugar.


Y no podemos ignorar el impacto que tiene en la sociedad occidental su gusto por el decorado corporal. Para la cultura maorí, los tatuajes son una manera más de comunicarse con el entorno y con la esencia del hombre y representan su seña de identidad. Cada traza está cargada de significado.


La prueba más universal, nos remite al comienzo del artículo; la "haka" el ritual de confrontación, es ya popular en el mundo entero gracias al mejor equipo de rugby, los All Blacks neozelandeses.


Todo un ejemplo de como preservar el folklore de manera eficiente y sin olvidar que nos encontramos en un mundo cada vez más globalizado. Es algo que debemos asumir, pero no por ello debemos sacrificar la diversidad cultural que tan mágico y entrañable hace a este mundo.



Un pueblo vigoroso, guerrillero, valiente, explorador, carismático. El pueblo maorí, no merece caer en las garras del olvido, y su tierra, Aotearoa, despierta de la ensoñación para devolverles la importancia que poseían en el pasado.

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Información adicional:


La creación del mundo según la narración maorí tradicional, acompañada de una sublime fotografía.

http://www.ignacioizquierdo.com/blog/2010/05/dia-346-el-origen-de-la-creacion/


La 'haka' de los All Blacks. Una abrumadora demostración de energía y virilidad.

http://www.youtube.com/watch?v=LMF_Be0JZB0

jueves, 7 de abril de 2011

Camposanto Naval




El mar de Aral, situado en el centro del mapa, al este del mar Caspio.

En Asia central, donde la influencia oceánica es pobre, y donde los otrora integrantes de la URSS parecen dispuestos a que no aprendamos sus enreversados nombres, se halla este cementerio.

El mar de Aral yace entre Uzbekistán y Kazajistán. Es una masa de agua decadente, que fue retirándose y dejando a las poblaciones costeras desprovistas del líquido elemento. Ésto sucedió debido a la necesidad de la Unión Soviética de establecer cultivos permanentes en las estepas agrestes de la zona. Desviaron el curso de los dos principales ríos tributarios del mar de Aral, el Amu Daria y el Sir Daria. Mediante construcciones de pésima calidad, no sólo no aprovechaban todo el agua deseada, sino que perjudicaban al mar.

La masa de agua se redujo de forma drástica; hoy día se ha perdido más del 60% de la superficie del Aral, y el 80% de su volumen inicial. Pese a que los gobiernos de los dos países en que se encuentra el mar de Aral se esfuerzan en frenar su desaparición, parece ser demasiado tarde, y se ha hecho un daño irreparable al ecosistema y a la población.



La localidad de Aralsk, otrora un agitado y vibrante puerto, es hoy una ciudad poco menos que fantasma, donde gobiernan el óxido y los vientos. No obstante, pese a lo lamentable de la historia, es un lugar que capta la atención por su dejadez. Es como si los agentes atmosféricos quiseran vengar el daño hecho al mar, atacando las construcciones humanas.

La fantasmagórica visión de los buques encallados, navíos pensados para surcar el mar que ahora se sustentan sobre el lodazal, parece sacada de la mente de Beksinski. La sutil pero constante forma en que la naturaleza deteriora las estructuras, nos hace replantearnos ese afán de control total sobre los elementos, de quienes no somos ni seremos más que sus esclavos.

"A la naturaleza se la domina obedeciéndola" - Francis Bacon.

La Unión Soviética decidió tomar parte y tratar de dominar el curso de los cauces fluviales a su favor, y desde entonces, flaco favor les ha reportado tal empresa.

Esperemos que al menos, este agonizante mar de Aral nos sirva como ejemplo de los errores cometidos en el pasado, aquellos que no deben volver a repetirse. Su fotografía no deja de ser singular, y como cualquier otro rincón del mundo que logre cautivarnos, merece que su historia sea narrada, que sus singulares parajes sean contemplados.



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Información adicional:

Psy [Perros] 1989- Dmitri Svetozarov. Película ambientada en el desastre del mar de Aral.

Documental sobre el mar de Aral y su evolución:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/otros-documentales/aral-el-mar-perdido/1052282/

viernes, 17 de septiembre de 2010

Un clásico que se reinventa


Londres es, sin lugar a dudas, una de las ciudades más cosmopolitas del mundo, y una digna candidata a capital de Europa. (Que lo sea o no, depende de la subjetividad de cada uno, ya que posee muy buenas rivales, todo sea dicho)

El ritmo de esta capital es frenético, tan solo has de ir un día cualquiera a las enormes explanadas de Hyde Park y echar un vistazo al cielo. Posiblemente llegues a ver tres aviones simultáneamente. De hecho, no hay momento en que no surque los cielos al menos uno de estos aparatos. Y, puesto que esta ciudad sabe como rejuvenecer, no ocurre lo que en tantos otros lugares, la creación de guetos o barrios marginados. En Londres, cada zona brilla con luz propia.



El famoso metro, underground, o como les gusta a los británicos ''The Tube'' es otra forma de comprender el incesante ajetreo al que está sometida la otrora Londinium. Eficaz como él solo, con un túnel para cada sentido del trayecto en casi todas sus líneas, por lo que la posibilidad de equivocarnos es mínima, se encuentra atestado a cada momento. Creed lo de la eficacia a pies juntillas; si no podéis llegar a tiempo, no será por falta de indicaciones o retrasos, en cualquier caso, los vagones irán demasiado llenos -no al nivel del metro tokiota-. Y no es como los sórdidos subterráneos que son escenario de crímenes, o los insanos metros de lugares en vías de desarrollo. No señor.

El Tube de Londres tiene carácter propio. Las estaciones son muy distintas entre sí; desde la gigantesca King's Cross, a la bulliciosa Picadilly, pasando por el metro al aire libre del extrarradio o a los personalizados -cómo olvidar los azulejos con la silueta de Sherlock Holmes en Baker Street-. Por otra parte, el carácter se ve reafirmado cuando bajas la escalera mecánica de Leicester Square, y de repente, otro tipo de escalera hace acto de presencia. La 'Stairway to Heaven' de Led Zeppelin interpretada a la perfección por un guitarrista. Y es que en el Reino Unido piensan tanto en la eficacia, que por las estaciones más importantes se encuentran diseminados unos puntos específicos para todo aquel que quiera ganarse su vida aderezando la subterránea, o simplemente, quiera dar a relucir sus dotes como futuro Mozart.

Y cuando salimos de este particular infierno dulce, posiblemente estemos justo donde queríamos. Tal es la preocupación por el turismo, que las principales atracciones bien se encuentran justo a la salida, o hay un pasadizo que te acerca. Sirvan como ejemplo la colosal mole neogótica del Big Ben justo al salir de Westminster Station, o el animado corredor subterráneo que nos conduce al jardín del Natural History Museum, evitando que nos perdamos por el exterior.

Hablando de atracciones, Londres tiene, y muchas. Y, para qué engañarnos, si bien algunas de las mejores son gratuitas, otras son escandalosamente caras. La mayoría se encuentra en la denominada ''zona 1'' siguiendo las áreas de metro, que van de menor a mayor según se alejan del centro.


La oferta cultural es innegable, y tenemos desde la Tate Modern, que ofrece singularidades artísticas en lo que otrora era una fábrica, a la inmensa colección del British Museum, de la cuál se puede disfrutar hasta quedar saturado de grandiosidad, -si tu natural odio hacia el expolio que sufrieron las cultura antiguas de mano de los ingleses te lo permite, claro está-. Aún mayor, probablemente, es la colección del Natural History Museum, con ese imponente diplodocus haciendo guardia, y miles de fósiles asombrosos, desde el extinto moa, ave gigante no voladora, a un pez celacanto que conserva sus tejidos tras nada menos que 80 millones de años. Sin olvidar la inmensa representación a escala 1:1 de la ballena azul.

Algo distinto a lo citado, es el Madamme Tussaud's, que si bien entretiene una mañana entera de lo enorme que es, y denota una enorme calidad en las figuras de cera, es bastante caro y está tan abarrotado de gente que la sala principal parece una discoteca, más que un museo. Mas de un susto puedes llevarte al comprobar que lo que creías estatua, es en realidad una persona que quedó petrificada por momentos, abrumada por la congestión.


Si ahora nos dedicamos a explorar el corazón de la ciudad, nos encontraremos con los preciosos edificios del parlamento, y con un río Támesis que sin duda, aporta frescura y estilo a la capital británica. Tan solo estando en el comienzo del London Bridge se aprecia la garra de una gran capital, con la colosal London Eye en su lentísimo ciclo, el embarkment, y los modernos edificios de la City asomándose tímidamente desde el horizonte.
De la dichosa noria, decir que se encuentra entre esas atracciones caras -un viaje sin descuento puede rondar las 23 libras- y que la cola, ''queue'' como nos enseñaron en la escuela, o ''line'' como dicen los londinenses, es insufrible. Eso sí, una vez arriba, las vistas quitan el aliento.

Podemos continuar nuestro periplo desde Houses of Parlament, a su aledaña Westminster Abbey, de imponente fachada vertical. Siguiendo el río hacia el norte, y adentrándonos de nuevo en la ciudad, llegamos a la siempre concurrida Trafalgar Square. Es el almirante Nelson, desde una considerable altura, quien vela por la genial colección de la National Gallery. Si consigues subirte a uno de los resbaladizos leones que flanquean la columna central del monumento, te sentirás como un niño y como alguien importante a la vez.


Y ahora sí llegamos al epicentro de la vida londinense, a la hipófisis de este particular torrente de sensaciones. Una delicada estatuilla, bocas de metro a cada paso y un aglomerado de pantallas luminosas, todo ello aderezado con el rumor de cientos de personas. Estamos en Picadilly Circus.

No os miento si os digo que es en Picadilly y en Oxford Street, donde las cotas de consumismo y diversión se disparan. Consumismo, por ejemplo en Lillywhites, seis pisos (al menos) donde encontrarás todo lo que se te imagine relacionado con los deportes. Diversión, por ejemplo, en Trocadero, un centro comercial vibrante, que rebosa de actividad. Varios pisos adornados con el mayor arcade que puedas imaginar -incluye varias mesas de billar en línea, cientos de máquinas e incluso una pista de coches choques-, tiendas de bisutería, manga-anime, restaurantes, y una marabunta de personas de nacionalidad no inglesa. Aunque esto es típico de Londres, en lugares como este se acentúa.

Si continuamos por el centro, tarde o temprano llegaremos al SOHO, que cuenta con varias calles de lo más animadas. Lo homosexual, lo moderno, lo nocturno, la diversión, se dan de la mano en este compendio de pubs y sex-shops, que es mejor recorrer por uno mismo para que cada cual se lleve su propia impresión, puesto que es quizás menos definido que otros lugares. Junto a él, no podemos olvidar Chinatown, con esos almacenes donde venden todo lo imaginable, y escaparates con tartas dignas de haber sido diseñadas por Ferrán Adriá de la mano de Santiago Calatrava o Norman Foster. Su aspecto es tal, que dan ganas de alunizar con un Aston Martin y zampárselas en el acto.


Más hacia el norte, donde los edificios no oprimen tanto, accedemos a un rincón que hará las delicias de niños y mayores. Un lugar exento de prejuicios y donde puedes dejar volar tu imaginación. Llegamos a la archifamosa Camden Town. Para muchos, la mejor experiencia de la ciudad.

A primera vista el visitante cree encontrarse ante un gran mercadillo, pero gradualmente -y esto es lo mejor, que la sorpresa se da poco a poco- descubre que Camden es mucho, muchísimo más. En su calle principal puedes encontrar un ejemplo de cada tribu urbana en menos de cincuenta metros. Tiendas de aspecto genial, con fachadas decoradadas, y ante todo ropa, mucha ropa.

Pero si continúas, pronto aparece el canal de Camden, con cuyo lento flujo de agua y el mecer de las hojas de sauces llorones, apacigua este vibrante lugar. Más allá se encuentra lo que yo denomino, la plaza de las exquisiteces gastronómicas. Y es que Camden es el súmmum de la comida económica -y cosmopolita- en una ciudad donde la sensación de poseer un agujero negro en la cartera es constante. Platos de todos los rincones del mundo, contundentes y a precio de saldo, aparecen ante tus sentidos. No sólo el visual, sino el olfativo e incluso aparecen ante el paladar, a modo de aperitivos que se te ofrecen para decidirte por un puesto en concreto. Thai, vietnamita, hindú, turco, marroquí, polaco...todo lo que imagines. Y de postre, ¿por qué no deleitarse con una brocheta de frutas, cubiertas de chocolate belga fundido y espolvoreada con esponjitas dulces y trozos de avellana? Servida en hoja de platanera, faltaría más.


Por último, no podemos dejar pasar el nostálgico Stables Market, con los caballos como elemento constante de decoración y una ingente cantidad de miscelánea 'vintage' para los amantes del pasado, desde mapas de la antigüedad, a pósters, ropa, máquinas de escribir, instrumentos musicales, etc. Y el colofón, para la que quizás sea la tienda más genuína de cuantas he visto. Cyberdog, al final del recorrido por Camden. Una entrada custodiada por robots gigantes da lugar al neón, a la fluorescencia, a camisetas con pantalla LED, a peluches de enfermedades, a artículos dedicados a la práctica de sexo un tanto alternativo. El paraiso freak por escelencia.

Con todos estos alicientes, dan ganas de quedarse a vivir, pero aún nos queda Londres por recorrer.

Es hacia el Este, en busca de los Docklands, donde surge lo que da lugar al título de este artículo. Tradición y modernidad, van de la mano en la City londinense. El St. Mary's Axe, ese archifamoso rascacielos con forma ahuevada y de concepto futurista, custodia otros tantos colosos acristalados, a uno y otro lado del río, como es el caso del nuevo City Hall, que parece una esfera deformada por el fuerte viento. Y todos estos edificios, rinden completa devoción a sus ancestros, dos de ellos, se cuentan posiblemente, entre las construcciones más bellas del mundo.


Hablamos de la ''Tower of London'' y del ''Tower Bridge''. La fortaleza medieval, causa un bellísimo impacto, con sus preciosas torres, sus sólidos muros y su cuidada explanada. Por otro lado, qué decir del puente. Si hay algo de la ciudad que supera las espectativas que tenías antes de visitarla, es el Tower Bridge. Majestuoso, ligeramente gótico, colorido, único en sus formas, totalmente acorde con las orillas que une, con el río que protege. Pasear bajo sus dos torres es una experiencia inolvidable.Tanto como contemplar la ciudad desde la cúpula de St. Paul's Cathedral, la colosal y clásica. Tan alta es, que cuesta atisbar siquiera la enorme cúpula desde abajo, desde según qué ángulo.

Pero no todo en la zona de la City es positivo; el ritmo de vida es demasiado frenético, es zona de negocios. No esperes contemplaciones si has de pedir información, estarán demasiado ocupados para ofrecértela. Y no esperes saciar tu apetito sin vaciar la cartera. Posiblemente debas empeñarla para poder costearte la cena.


Yendo aún más hacia el Este, aparece el complejo de negocios de Canary Wharf, que si bien no posee la elegancia ciertamente opresiva de la City, sí que tiene un toque espacioso, joven y americano. Los canales y parques de verde puro que rodean los rascacielos, la plaza del One Canada, edificio más alto de Gran Bretaña, y la fabulosa salida de la estación de metro, contribuyen a grabar en la retina una imagen impecable. El atardecer, en ese singular lugar, debe ser espléndido. A esa hora, miles de empresarios atestan los pubs para cenar.

Si, por último, nos alejamos hacia el sur, cruzando el Thames, aparece ante nosotros un bellísimo suburbio que guarda una grata sorpresa. Greenwich. Con aspecto de pueblecito pesquero, cuesta creer que se encuentra inmerso en una urbe de ocho millones de habitantes, cuesta hasta que al otro lado del río ves la mastodóntica figura del One Canada y piensas que 15 minutos de metro te separan del bullicio. Allí reside, en Greenwich, el Cutty Shark, posiblemente el velero más famoso del mundo, que no tuve suerte de ver puesto que se encontraba en restauración. Pero hay más alicientes, como la colina del observatorio, donde se encuentra la famosa línea meridiano, que divide el mundo en dos.

Y más importante, desde allí las vistas de la ciudad son, no ya bellas, sino épicas. Creedme que pasar un atardecer contemplando la ciudad en todo su esplendor desde ese recodo de paz y sosiego, es algo que difícilmente se olvida.



Ahora es más fácil comprender que Londres, a pesar de ser una gigantesca metrópolis, es una ciudad madura, y esto ayuda a que coexistan lo antiguo y lo moderno sin estrépitos, sin ser forzado, y a que en todo lugar haya cerca un parque donde relajarse y huír del estrés. Es debido a que Londres ha crecido sin prisas, y así, no hay ningún barrio marginado, ningun lugar sin sus debidos servicios básicos. Prueba de ello es que tenemos parques geniales, como el ya citado Hyde Park, con su lago Serpentine, y kilómetros cuadrados para hacer el ganso -o darles de comer a ellos-. También tenemos el Green Park, con sus famosas tumbonas, y su romántico y otoñal paseo flanqueado por robustos árboles de hoja caduca.

Y cómo olvidar el St. James Park, el parque de palacio, de un aburrido y sórdido palacio de Buckingham que habrá a quien le merezca la pena, pero a mí me resulta demasiado gris y monótono. Este parque es, en esencia, la viva imagen de esa idea que todos tenemos de un parque. Un precioso lago con puentes de madera, una islita con pelícanos, sauces nutriéndolo con sus llantos en la ribera, jardines inmaculados, y fauna variada. Ocas, gansos, patos, cisnes, ardillas, cuervos, etc.


Como broche final a nuestro recorrido por Londres, hay que citar Regent's Park. Situado cerca de Camden Town, junto al parque zoológico, reune las condiciones para ser el parque ideal. Posee una explanada que alcanza hasta el horizonte, donde docenas de grupos de deportistas, desde profesionales a amateurs, se dedican a llevar a cabo una vida sana. Es una imagen que merece la pena conservar. Es lo más cercano a un mundo ideal que puedes atisbar.

Asimismo, hay otra parte dedicada al descanso puro y duro, con un césped de un verde que duele a la vista y apetece sin dudarlo, y otra de jardín escénico, con colecciones de flora que logran paisajes asombrosos. Desde cascadas pedregosas donde se respira la más pura humedad y el perfume de las rosas, cientos de rosas de mil colores que atestan los Queen Mary's Gardens.


Tras esta lectura, cuesta pensar en Londres como esa ciudad de gente estirada, gris a más no poder. Cuesta pensar en el humor ácido, en lo conservador.

Londres, hoy por hoy, es tan cosmopolita, e incluye una oferta tan amplia de 'todo', que me atrevo a decir que es una ciudad de plastilina.

Es una ciudad que se moldea, a tu gusto, hasta que sin lugar a dudas puedes gritar ¡Estoy satisfecho!
. . .

Gracias por leer

miércoles, 2 de junio de 2010

Colosos en la jungla




América Central es conocida por su enorme biodiversidad. A ésto ayuda un clima tropical con generosísimas precipitaciones y temperaturas estables durante todo el año. Las condiciones perfectas para que se de la pluviselva más vírgen del planeta.

En Guatemala, la influencia tropical no es tan acusada, puesto que nos encontramos ya cerca del Trópico de Cáncer. Sin embargo al norte del país, donde la península de Yucatán comienza a separar el mar Caribe del golfo de México, encontramos una jungla muy densa.

Es aquí donde se levantan algunas de las más impresionantes construcciones que dejó tras de sí la Civilización Maya. Estamos en la región de Petén.


La cultura Maya ha fascinado siempre al mundo moderno, por ejemplo, por sus conocimientos de astronomía. Muchas de sus edificaciones se levantaban con la única excusa de ser un punto donde observar bien el cielo, un cielo que desde el suelo queda oculto entre la exuberante vegetación. Por otro lado, muchos amantes de la especulación, barajan la posibilidad de que hubiesen sido descendientes de los egipcios, dada la similitud de sus pirámides.

Y por último, de rabiosa actualidad, la Cuenta Larga del calendario Maya, que presupone cambios de ciclo cada cierto tiempo. El periodo actual comenzó en el año 3114 a.C. y termina en diciembre de 2012 d.C. Lo que por los Mayas era vaticinado como un gran cambio, muchos sensacionalistas y alarmistas aprovecharon para etiquetar de apocalipsis a la vuelta de la esquina.

No considero este momento el ideal para entrar a debatir sobre eso. Lo que sí es cierto es que la calidad arquitectónica de los pueblos amerindios llegó a ser en cierto modo, superior que la de los habitantes de las riberas del Nilo.

En lo más profundo de la jungla guatemalteca, se yerguen como fantasmales mastodontes entre la neblina húmeda tropical, las siluetas de las colosales pirámides de la antigua ciudad de Tikal [ciudad de las voces].


El que las contemple, podrá sin duda sentir lo insignificante del ser humano frente al tiempo. Una poderosa urbe que en su tiempo - hablamos del siglo I a.C. hasta el siglo IX d.C.- contó con más de cien mil habitantes, todo un fuera de serie. Ahora sólo nos quedan las ruínas de tan magnífica metrópoli, que no obstante son muy numerosas; pirámides, templos, terrazas, etc. que nos recuerden tan doradas fechas.

Más concretamente, el complejo de Tikal posee seis templos piramidales principales, que destacan con mucho del resto de edificios. La pirámide del Gran Jaguar (I), la de las Máscaras (II), la del Gran Sacerdote (III) - considerada la mejor conservada del mundo Maya -, la de la Serpiente Bicéfala (IV), que con sus imponentes 64 m de altura es la mayor de todas, una pirámide en la que no se encontró tumba (V), y por último la de las Inscripciones (VI).


La serenidad con que estas moles de piedra tallada gobiernan la jungla, hermanándose en todo momento con la flora del lugar, nos da a entender la magnificencia de los pueblos antiguos, y ayudan a comprender las preocupaciones y el modo de vida de sus gentes, ya sea por el tipo de edificio que predomine - nos dirá a qué aspecto de la vida daban más énfasis - y por los textos que encontremos grabados en ellos y en sus manuscritos.

Lugares como Tikal merecen ser citados y preservados para que la humanidad sea testigo de su pasado más remoto, que nos ayuda a resolver en parte la duda de quiénes somos y de dónde venimos, si bien no en ámbito cosmológico, sí en ámbito histórico.

...Gracias por leer...

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Links de interés

Para saber cómo funciona el complejo calendario Maya.

He elegido este vídeo puesto que nos hace ver cómo el conjunto se encuentra inmerso en la profunda jungla. Sin palabras.


lunes, 31 de mayo de 2010

El legado de la erosión


Hay en Turquía, en la zona central del país, una región que ha sido curiosamente labrada por la acción de las aguas y los vientos.
Aunque sin duda, el líquido elemento es el artífice principal de tan magnífica obra.

A la acción erosiva de las aguas en tierras calizas, se le llama karstificación, la cual da lugar a los paisajes kársticos. Se produce por la disolución de los carbonatos cálcicos (CaHCO3) de las rocas que lo contienen, más concretamente del bicarbonato cálcico - es más soluble que el monocarbonato -.

Ésto da lugar a una erosión diferencial - una parte sí y otra no - de las rocas, y el resultado son unas curiosas perforaciones, que dan lugar a un laberíntico complejo de túneles y pequeñas grutas.

En la Capadocia, que así es como se llama la zona, estos paisajes alcanzan su máximo exponente. Ayudan además las famosas 'chimeneas de hadas', pedruscos sostenidos por columnas que parecen surgir de la mano del hombre, pero nuevamente son producto de la erosión. La piedra superior, antaño a nivel de suelo, protegía a la capa de tierra inferior de la erosión, y las zonas no cubiertas por la piedra, se erosionaban mucho más. Por tanto la piedra queda sobre la capa a la que cubre y a cierta altura. [Ver figura explicativa]


El resultado es mucho más sorprendente del que cabría imaginar en un principio.


Y la Capadocia no guarda sorpresas sólo para los amantes de la geología. Desde tiempos atávicos, las poblaciones que llegaban a asentarse aquí, establecían viviendas y fortalezas en el interior de los túneles y cuevas. Era llegar y encontrarse ''la casa hecha''.

Como resultado tenemos ciudadelas de piedra que son una delicia a la vista e incluso iglesias dentro de las grutas, con frescos de incalculable valor, herencia de los pueblos cristianos que habitaron el lugar.

El gobierno turco ha visto un filón turístico sin igual en el encanto paisajístico de la zona, y proliferan desde alojamientos en plena piedra excavada, hasta paseos en globo aerostático, una de las mejores maneras de obtener una visión de conjunto que quedará grabada a fuego en la
retina.

... Gracias por leer ...

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Links de interés:

http://www.peterloud.co.uk/photos/Turkey/Turkey_6.html
Incluye pinturas de las cuevas de Capadocia.

http://www.turquiacapadocia.com/
Para saber más sobre esta interesante región.



domingo, 30 de mayo de 2010

Averno glacial


Nos encontramos en la Antártida. Una gigantesca masa de hielo perenne, puesto que el Ártico es pura agua congelada, y el continente austral sin embargo se sustenta en tierra firme. Catorce millones de kilómetros cuadrados - una vez y media la superficie de Europa -, de puro blanco.

Aquí las condiciones climatológicas son extremadamente adversas. Vientos huracanados e implacables, temperaturas que no suelen ni acercarse a los 0ºC, y cuyo récord mínimo es de nada menos que -89ºC.




















No obstante, alberga vida. En forma de artrópodos que subsisten en condiciones en las que cualquier forma de vida compleja sucumbiría, en las frías aguas que rodean a las banquisas de hielo. Algunos líquenes, e incluso animales de notable tamaño, como las simpáticas focas del mar de Wedell, cuyos orondos cuerpos hacen las veces de almacén de grasa - de otro modo perecerían congeladas, puesto que la grasa es un genial aislante térmico -. Sin olvidarnos por supuesto de los numerosos pingüinos, siendo el más popular y de mayor tamaño el pingüino emperador. Agrupados en colonias de hasta algunas decenas de miles de ejemplares, crean una especie de isla de calor, que eleva la temperatura en el centro de la colonia nada menos que 60ºC por encima de la exterior. Esto es importante para el bienestar de las crías, por ejemplo, hasta que consigan más grasa.


Aún habiendo citado esos encantos biológicos, nos encontramos aquí por otros motivos - que en última instancia también están relacionados con la biología -.

Es aquí, en este recóndito rincón del planeta, donde se han descubierto diversos lagos salados subterráneos. Por ejemplo, el lago Vostok, del tamaño del lago Ontario. Se sospecha, por diversos estudios en los que se han realizado perforaciones, que podríamos asistir en los próximos años al descubrimiento de un inmenso lago mucho mayor que los demás.

Además de los lagos en sí, se sabe que hay una complicada red de ríos subterráneos, tan largos como el Támesis, de unos 400 kilómetros, que comunican unos lagos con otros.

Respecto al por qué de que encontremos agua líquida ( a -3º) bajo el hielo a más de 400 metros de profundidad, hay varias teorías barajables. Por ejemplo, que el hielo al ser mal conductor térmico, cree una especie de aislamiento que impida la congelación total o que la presión de toda la capa superior derrita el hielo de más abajo.

Con todo, el mayor interés de este lugar, radica en haber encontrado bacterias casi criogenizadas, es decir, vida en uno de los entornos más inhóspitos del planeta. Su metabolismo se basa en la respiración de hierro en lugar de oxígeno, aunque no sea escaso, puesto que sin ir más lejos la concentración en el agua es de unas 50 veces superior a la normal.


A la izquierda, un prototipo de Cryobot. A la derecha, el Hydrobot que se desprendería de él.

Haber encontrado vida en estas condiciones, supone que podría haberla, por ejemplo, en los lagos helados de la luna Europa, de Júpiter. Para saber más de estos lagos, se están mandando ''Cryobots'', que como su nombre indica son robots que trabajan en el hielo, perforándolo, y haciéndose paso hasta estos lagos para estudiarlos de primera mano. Se estudia también que incorporen ''Hydrobots'', que al llegar a la masa líquida, naveguen analizando las formas de vida que allí encuentren.

Tal vez, después de todo, la vida sea un fenómeno físico-químico de espectro más amplio del que se esperaba, no tan especial. Tal vez, en unos años, los hallazgos antárticos se repitan bajo la superficie congelada de la luna joviana.

...Gracias por leer ...

martes, 27 de abril de 2010

La costa del veneno


Hablar del África Occidental, más concretamente, de Benín, Togo y la costa nigeriana, es tratar en cierto modo un crisol de temas, y es que es sin duda la zona más variopinta del continente negro, su corazón, el punto más dinámico.

La vigorosa explosión demográfica de esta zona, probablemente no tenga parangón en el mundo entero. Los países que integran el África Occidental, poseen todos una fuerte natalidad, una media de unos cinco hijos por mujer. Si bien es cierto que la mortalidad, infantil ante todo, es elevadísima.

Ciudades como Lagos, la capital de Nigeria, experimentan un vertiginoso aumento poblacional, nutrido en parte por la emigración rural. Una ciudad mediocre no hace más de veinte años, que ahora ha desbancado a prácticamente la totalidad de ciudades modernas. Más de trece millones de habitantes se aglutinan en esta caótica urbe, de desproporcionadas dimensiones.
Está claro que las infraestructuras no pueden extenderse a la misma velocidad que las viviendas. Y lo peor es la ubicación. Situada en una albufera que da al golfo de Guinea, es el caldo de cultivo perfecto para los plasmodium que causan la malaria, y para los mosquitos que los transportan.

Otra de las grandes taras de esta ciudad, es la proporción de infectados por VIH, que crece como la espuma, y en sectores como el de la prostitución, alcanza cotas espeluznantes. No obstante, la población es joven, y son gentes optimistas, vitales y felices. Algo así como la antítesis a una Europa alienada, depresiva, envejecida y aséptica


Si continuamos nuestra travesía hacia el Oeste, pasando por el angosto país de Togo, llegaremos a Benín, y aquí merece la pena hacer un inciso en el que viajaremos al lado más oscuro del continente negro;

Muchos habréis oído hablar del vudú. Esa religión animista que tan bizarra nos resulta. Es ciertamente impactante contemplar una ceremonia, en la que aquellos que pretenden contactar con los espíritus del más allá, siguen unas pautas hasta alcanzar un estado de trance.
Toda esa gente danzando, y algunos elegidos cuyos ojos se encuentran virados y en blanco...ya fuera del mundo cotidiano, tratando de comunicarse con los ''loas'', espíritus intermediarios entre el mundo de los vivos y el de los muertos.Es tal vez esa capacidad de anexionar la rutina diaria con una especie de universo paralelo, lo más fascinante del vudú. Y como no... los muñecos torturados, perforados por agujas, que denotan el carácter vengativo de la magia negra, que proviene de gentes muy pasionales.

Y esas gentes pasionales, aunque el vudú más famoso sea el practicado en Haití, no hay que olvidar que encuentran sus raíces en el África Occidental. Fruto del tráfico de esclavos llevado a cabo por las metrópolis europeas, fue que el vudú logró extenderse hacia América.


Pero si insistimos en el más arcaico, lo encontramos en esta región. Pues bien, es en Benín, y en su capital Cotonú, donde encontramos tal vez la máxima expresión del vudú y todo lo que pueda implicar. Por ejemplo la obtención de materiales de todo tipo, que en una religión animista, son imprescindibles. Todos los objetos tienen propiedades más allá de las organolépticas o de valor sentimental que cualquiera pudiera advertir. En el mercado de 'Le Fetiche' de la capital, encontraremos un inmenso cajón de sastre para toda esta miscelánea de lo grotesco, o mejor dicho, de lo oculto.


No contentos con semejante descubrimiento, es de notable impacto el conocer la forma en que estas gentes expresan su pasión... tanto de forma positiva, como negativa. Y la negativa es bien curiosa.

Se habla por ejemplo, de envenenamiento con mariposas. Suena contradictorio... algo cruel, violento y doloroso, que parte de un frágil e inofensivo insecto. Es la sutilidad, otro de los aspectos interesantes de este tipo de ataques. Si alguien te ha hecho daño, puedes conseguir unas mariposas -vivas obviamente-, y darles a oler algún objeto o prenda que utilizase la futura víctima. Con su finísima recepción química de los olores, está claro que los lepidópteros, son mejores que un sabueso. Acto seguido, envenenamos las patas de las mariposas, y las dejamos ir. Seguirán al infeliz objetivo de nuestra cólera, y al posarse...et voilà.

Seáis o no escépticos, sin duda son maneras ingeniosas.


Es esta, una fascinante tierra, la del delicioso chocolate marfileño, la de los majestuosos árboles baobab de inmenso tronco, un lugar de gran biodiversidad, de tribus variopintas. Un lugar en parte anclado en el pasado, vetado al desarrollo, pero en parte rebelde y sediento de romper los grilletes que le encadenan a la maldición africana.

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